Autoayuda: Hoy; el camino del éxito.
(anécdota prestada)


“They come to Vegas to gambling and pray for miracles”
(Mario Puzo – Inside Las Vegas)


Voy andando por un sendero.
Dejo que mis pies me lleven.

En los costados, juego de imágenes. Siete monstruitos con forma seductora. “Son los siete pecados capitales”, me dice una voz.
Ya lo sé.
Sigo caminando. Esto se parece cada vez más a un supermercado. La multiplicidad de productos es asombrosa. Me da ganas de comprarme un Cd de Pulp. O jugo de sabor multifrutal. Una voz me grita: “Es el capitalismo, el capitalismo salvaje”.
Eso, eso también lo sé.

Sigo andando por el sendero.
Mientras se presentan tres hadas y doce telefonistas de CTI comprendo el quid de la cosa, pero estoy tan caliente que me lo olvido.
Más tarde, en un recodo, veo caminar a un niño. Ese niño me simboliza a mí, de pequeño. Ya no soy tan chico, tan inocente, tan frágil y tan estúpido. Le propongo hacer una carrera. “Te hago una carrerita”, le digo.
Pobre niño.
Sin embargo siempre lo tengo al lado, y cerca de la meta noto que definitivamente me va a ganar.
Intento hacer trampa, pero cuando menos lo espero, noto que estoy definitivamente muerto, decapitado.

Un mono comiendo mis entrañas; un niño al lado haciendo cuentas. Uno le dice al otro:

“Ya falta poco, ya va a llegar”.

Te recomiendo que hagas tu propio camino.

No votes a Bush.

Hay que sudar al respecto.

New kid on the block

“La primera elaboración filosófica del interés por el cuidado de sí
que quisiera considerar es la que se encuentra en el Alcibíades I de Platón”
(M.F)


1

Tengo dos manos y dos
pies
un cepillo para el cabello
pero casi no tengo
cabello

tengo una barbie y un ken
de vez en cuando se acuestan
ella se le sube arriba
y le dice cosas del tipo
“soy una mujer / soy un animal”

tengo una caja de alfajores
del año 86
tengo bolitas de
naftalina
tengo un traje
sombrero
maleta
tengo un placard

tengo ganas de estar afuera
pero estoy adentro

barbie anda a los gritos


2

Tengo dos manos
tengo agujeros
en la
nariz
eso me hace
normal

a la gente que vive en un frasco se le dice
“ya va a venir”, “ya va a venir”,
aluden a los barquitos
los barquitos traen gente
los barquitos están encerrados en unas
botellas

la diferencia entre mi vida y mi sombra está hecha de
papel


3

tengo algunos
tics
nerviosos del tipo
sonreír sutilmente cuando la función empieza
sonreír quedamente cuando la función acaba
al doblar el brazo sentir un doble
clic

por afuera soy feo
por adentro
también

nadie quiere aceptar eso
(“cómo vas a ser feo / si andás siempre /
con esa / sonrisa”)

pero si no soy mi muñeco
¿de quién?


4

tengo dos brazos
tengo dos pies
tengo fosas nasales
muñones en las rodillas
tengo aracnofobia y otros
secretos

lo primero que se va a borrar
son los gestos
de tu cara

“de tanto / golpear
/ las manos”
Robo-tech, I

“No permitas que nadie te enseñe a escribir, no dejes que nadie te de indicaciones, no te desalientes, no preguntes, aprendé solo, fijate que la inmensa mayoría es basura, que no te guste lo que escribís porque le gusta a la que te gusta, si lo que escribís le gusta a la que querés tirá todo eso, dejá lo que no entendés, no tirés nunca lo que te da vergüenza, no dejes que nadie te alabe, nunca corrijas textos que sabés que pueden mejorar, corregí lo que no te acordabas que existía, no te olvides que los bailes están cargados, alguien los puso ahí para que vayas y creas que podés contarlos, escribí lo que va a pasar como si estuviera pasando, inventá una escritura autobiográfica, no dejés que la realidad destruya tus papeles, cambiá la realidad para que se parezca a lo que escribís, si cogés que sea para contarlo, no te encames por amor, nunca, si sufrís que sea para darle existencia a un personaje, no dejés que la experiencia te sirva para algo fuera de la literatura, sé un perro, siempre, apostá al caos, el tiempo después ordena todo, lo junta...”

(Daniel Durand – El Estado y él se amaron)

La infancia de los androides, IV

Antes podía teletransportarme.

El ruido de un pájaro que me despierta, tengo cinco años. El sonido metálico de un tractor, tierra moviéndose. Ramas que se quiebran. Una máquina que no es un juguete comienza su proceso de producción. Lo que se construye al lado es: una casa.

Pan con ciruela o durazno, miel no. Café barato con mucha azúcar. “Te va a hacer mal”.
Una silla acolchonada, un niño de seis años, las piernas cruzadas.
Una vez me caí de la pileta pelopincho, era un día hermoso pero el pasto estaba mojado, los caños de la pileta también. Seguro que había una chica hermosa en la pileta, quizás era sólo mi prima, lo cierto es que jugaba a que yo era equilibrista.
Durante el golpe me desmayé.

Ciruela en el pan, dos sillas acolchonadas, el primer muñeco que me regalaron me lo regalaron en la infancia.
Tenía cinco años.

Lo recuerdo todo como si todo fuera el mismo día: los brazos emulando al tipo que vi en el circo, los muñecos hablando, representándonos a mí, a mi prima, a un tractor, a mi abuela, al trozo de pan.

Un golpe en la frente. Antes podía teletransportarme,
ahora mejor no.




La infancia de los androides, V

- Tienes que salvar al soldado Ryan, Joe – dicta Maxum Plumpa.
- Vaya nombre – dice Victoria, por mail.
- Era el nombre de un muñequito kinder que usaba en la infancia, los chocolates eran riquísimos, pero con el muñequito no se podía jugar, a mí me importaba tres pitos, ese era el muñequito encomendado para las principales misiones -, le escribo.
- Leé lo que escribís – me dice Victoria, ahora en el chat.
- ¿Qué pasa?
- Es mentira. Estás mezclando cosas que pasaron en diferentes tiempos. No es creíble lo que me contás. ¿Ump-Lumpa..-? ¡vamos!

Ryan se quita el taparrabos y ella comienza a deslizarse cuerpo atrás. Ryan se acerca, pone la mano en la entrepierna.
Perfectamente lubricado.
Cuando abro los ojos, los muñecos del estante me miran con complicidad.

Mi media naranja se pasea / del cuchillo al comedor / no le tiren con cuchillo / tirenlé con tenedor.

Una forma de psicoanálisis centrada en los juguetes, una canción de cuna, ser mi último muñeco.
Autoayuda: Hoy; la plenitud de la satisfacción.
(conferencia)


“There may be some who feel that Vegas is an abomination and should be destroyed”
(Mario Puzo – Inside Las Vegas)


Bienvenidos.

Hoy deseo hablarles de un estadio superior.

Una vez recibí una carta de una mujer que escribió: “Mi marido me la mete pero ya no entra. No quiero decir que estoy frígida o constipada, ni que mi marido la tiene de tal o cual tamaño, simplemente él siente que me la mete, y yo siento que ya no entra”.

Estamos acostumbrados al placer perpetuo. Nuestra visión del otro es: la coherencia. Trato de ser más claro. El placer que pedimos es un placer que suponemos El Mismo, un placer que se intensifica, o no, pero al que le es imposible variar en cualidad.

Nuestro placer es: una cosa.

Y nuestra visión del otro es:

una cosa.

Si yo pusiera esta manzana aquí, sobre la mesa, y después les preguntara qué ven, ustedes responderían: “Una manzana”, o si son pobres, o mezquinos; “tengo hambre”.

Se equivocan rotundamente.

Adán no mordió una manzana. Lo que mordió Adán fue: una verdulería.

Si vamos a pecar, pequemos de múltiples.

No hay peor ciego que: Borges*.

Uno debe sudar al respecto.


*Aclaración erudita: Borges no culeaba.
Autoayuda: Hoy; escuchar a los seres queridos.
(ejemplo)


“A man named Alexander Guterna, a Russian born in Siberia,
became a high roling gambler here in Vegas”
(Mario Puzo – Inside Las Vegas)


¿Probó peyote, heroína? ¿Intentó escuchar la versión cumbia de un tema de The Doors? ¿Participó en los conflictos balcánicos, usted es pobre, se muere?

La respuesta es: No.

Usted no es proletario, lumpenproletario ni ateo con complejos. Usted es: una persona de familia. Es cierto que pasa cinco o seis horas diarias delante del televisor, que caga duro y parejo, que tiene banda ancha, un humor sádico y el pañuelo lleno de mocos.

Pero usted es una persona de familia, de barrio, usted ama a sus seres queridos.

Había un explorador en el Himalaya que supuestamente buscaba a su maestro para preguntarle sobre el sentido de la vida. Pasó tormentas, nevadas, se embarró todos los poros, las zapatillas marca Nike con suela hiperinflable. Tardó días, meses, jornadas en llegar. Cuando lo encontró, cuando al final del viaje lo encontró, el maestro estaba recogiendo ciruelas machucadas, escuchó la pregunta, por un rato no respondió. Nuestro inocente inquisidor siguió manifestando su duda. Recogidas todas las ciruelas machucadas, y mientras mordía una flotando en un pie, el maestro dijo: “Ése”; “Ese es el sentido de la vida”.

La vida es lo que está sucediendo mientras perdemos tiempo pensando de qué se trata. Las ciruelas machucadas simbolizan cada uno de nuestros seres queridos. El maestro estaba en un pie porque: era un sensei posmo.

¿Probó usted hongos de San Pedro?

¿El cubículo mágico?

Sepa escuchar a los seres queridos. Abra su mente. Su mente también es un maestro, una ciruela y una cosa machucada.

Hay que sudar al respecto.




La infancia de los androides, II

Un playmobil rubio teniendo un hijo con la forma de un caramelo media hora sobre una baldosa que representa una cancha de tenis.

Eso no era extraño en la infancia de los androides.

Un soldadito turco que mantenía la misma posición en el momento que izaban su bandera, en el momento en que sus compañeros de historia morían destrozados, en el momento en que papá soldadito tenía que dejarlo huérfano e irse literalmente a cagar.

Eso no era extraño en la infancia de los androides.

La presencia multitudinaria de la cultura de los pin y pons, con su elogio a las miniaturas y su odio inconfeso al mundo de la plastilina. La primera elección democrática de un presidente pin y pon. Las palabras por la paz entre los aliens, los soldaditos y los playmobils.

Eso. Eso tampoco.

La muerte real y no representativa de un familiar. El auge de la televisión, la locura de mamá, un nuevo hijo en nuestra familia. Partes del cuerpo que crecen. Los sobacos que empezaban a picar.

Eso no era extraño en la infancia de los androides.

Barbie. Barbie sí.
Cuántas catástrofes llevaron tu nombre.




La infancia de los androides, III

Un playmobil con sombrero subiendo de tres en tres los escalones de una casa hecha de rastris. Una casa sin techo. Adentro: una mesa, dos camas (una matrimonial), dos mesitas de luz (sin luz), asientos simples, total ausencia de cuadros o elementos que representen una segunda dimensión simbólica sobre la pared. El playmobil hace que abre la puerta, pero lo que le sucede a la puerta es: que se derrumba. Avanza a los saltos, pero indica mucho menos prepotencia (o felicidad) que otra cosa.
Ya se verá.
Sobre la izquierda, en la esquina, una hoja tamaño carta, que hace sombra.
Una mano que palpa la hoja, un poco de tinta que la rasga.
Ruidos que atraviesan la estratósfera.
El playmobil se quita el sombrero, avanza hacia la cama (matrimonial) enciende la luz (no hay luz). Dos playmobils más, como durmiendo.
La mano que escribe: “Serás como un avión”, que escribe “Les he mentido todo este tiempo. Ya no voy a volver”.
Más ruidos que atraviesan la estratósfera.
“Serás como un avión”.

Los extraterrestres se llevaron a papá.
Cuando con los rastris empecé a jugar a los transformers.