Postales taiwanesas, I
(Lluvia verde sobre ciudad rosa)
Pd: madre, me hubiera encantado cantar otra canción.

“888”, el hombre al que le gustaban mucho las cosas
(partes I y II)



I: Primavera

Soy muy tonto, muy estúpido. Me gusta Jhonny Deep y el cantante de Incubus. Me gusta Woody Allen y los guitarristas en general. También los bajistas, cuando son pelados. Me gustan los malos chistes, pienso que la letra Ñ es angelical, tiene palito, en tres dimensiones es un aura, por eso creo que las personas cuyo nombre incluye la letra ñ son pocas y afortunadas, tienen dos ángeles de la guarda, les va bien. No sé nada del Tai Chi, por eso no me gusta, pero si supiera me gustaría, lo sé. Me gusta ver películas a las tres, a las cuatro también, pero a esa hora hago otras cosas. Soy muy tonto, muy estúpido. Me gusta usar pollera, me gusta levantar la pollera que ciertas mujeres usan, me gustan los cinturones, me encanta pegar con cinturones, usar antifaz, sentirme Batman, odio a Batman pero me gusta Robin, y Robin amaba a Batman, así que yo amo a Batman, a Robin, a Cristo, a Buda y al Guasón. Los escritos de Voltaire me producen un sentimiento de la distancia incurable, pero algo me gustan. Me gusta el jugo de naranja, las bebidas “Ser” me hacen pensar en Heidegger, me gusta eso, esa relación, Heidegger era fascista, la bebida “Ser” también. Me gustan los escritos cortos, sencillos, pero que te enseñan a respirar con otro aire. Me gusta la sensación de juventud. El cubo mágico. Me gustaría ser un hombre que vende el mundo.


II: Verano

Me gustan las marchas contra cualquier cosa, los estallidos, las peleas justificadas, la violencia, la represión. Me gusta el pelo de los gatos, me gusta estudiar a los egipcios, me gusta que la gente se olvide las tarjetas del banco, adivinar el número de clave, me gustan los colectivos, mirar la cara de la gente en los colectivos, me gusta el olor a menstruación, el olor a genitales en general, es extraño, es olor a pescado, dicen que a pescado muerto, pero no sé, no me gusta pescar, nunca intenté, si intentara me gustaría, pero parece que el olor de los genitales es particularmente cercano a la pesca, debe ser porque todos venimos del agua, y a lo último llegaron los genitales, o quizás la nariz, seguro que último llegó la nariz. Me gusta oler a las personas que pasan cerca, meter la mano entre las semillas, hacer abdominales, pero sólo diez, después sentir latir mi pecho y ver que crece, me gusta tener pesadillas pero despertarme como si no, me gustaría tirarme de un edificio y que mi cabeza estalle contra el piso, me gustaría sentir eso, pero dicen que no se puede, no me dejan, si lo hago no voy a sentir nada, lo que se siente, se puede, contar. Me gustan los ojos, las bocas, me gustan los defectos personales. Las inscripciones en las paredes. No encuentro trabajo. Me encantaría ser el hombre que vende al mundo. Y yo con él.

NOÉ (uno)

Tiene la boca cerrada, tiene la boca tapada, tiene la boca, cocida.

Uno: Juan F era piloto de autos de carrera, en una época las ganaba todas, se llevaba todos los premios. Tenía muchos secretos, se tejían, alrededor suyo, muchas historias. Por ejemplo: que la noche anterior a las carreras le gustaba conducir con las luces encendidas cuatro o cinco vueltas del circuito alrededor. “Logro, así, conocer la pista en toda su intimidad”, explicaba. La palabra clave, en ese relato es, precisamente, “intimidad”.

Dos: En una novela de John Banville, un personaje (suficientemente intelectual) llega a un pueblo, habita una casa, un sucucho, una casita. Poco a poco se relaciona con la familia que vive cerca, si bien no está claro de qué tipo de familia se trata: un matrimonio, sí, pero también una muchacha soltera (gorda, seguro que es gorda), y un pequeño, no se sabe de quién. En algún momento, el pequeño cumple años, se hace, por tanto, una pequeña fiesta. El personaje principal (el “intelectual”), le regala al pequeño un enano carro de juguete. Después, con el resto de la “familia”, se dedican a charlar, a aburrirse, mirarse las caras, pasar el rato. Entonces, luego de dos o tres tediosos y tensos párrafos (donde, debe quedar claro, algo pasa pero no se sabe qué), Banville escribe: “El coche de juguete estaba volcado beodamente de lado...”. La palabra clave, en este momento del relato, es esa palabra que, en principio, resulta insoportable, pero que no se puede ya de ahí sacar.

Tres: Quiero escribir algo hermoso. No puedo, acá, ahora, escribir algo hermoso (No se puede: es un blog). No sé qué quiero escribir, no tengo la sustancia, la materia, nada. Tengo, está claro, aquella intención. Pienso en la sensación, en la sensación que, hipotéticamente, debería producir. Pero no la encuentro. Estoy perdido. ¿Si hago dedo, llega un auto?

Tiene la boca cerrada, tiene la boca, tapada, tiene la boca torcida.
De vez en cuando ejecuta un balbuceo.



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Episodio 6: Imperio
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Periodo monacal: pérdida de novia

Un conejo con sombrero
apura
la intoxicación de la mañana

Escenario: casas viejas, una ciudad fantasma,
calles de tierra, viento
una bola de alfalfa

El sheriff:
- Te ha llegado la hora, Joe

Willams de fondo: el ciudad, el campo, la ciudad
en La menor se desgrana la musiquita

parte sinfónica:
conejo saca arma
escupe palito de árbol
dispara

muerte del héroe

“la melancolía produce
imágenes de duelo”

próximo capítulo:
un conejo rosa con sombrero y tamborcito
haciéndome de hinchada
en la entrega de los premios
oscar
mamá gritándome, drogada,
“ponete las pilas, ponete las pilas”

pobre Freud,
pobre mamar