53 Aforismos para una depresión nocturna (fragmento)


(Primera parte: Para los hijos de Noí)



1


No quiero ser feliz. Solamente quiero que haya pasado el día sin pensar en eso.




2


En el futuro los aforismos desaparecerán, no habrán más aforismos.




3


Según Bataille, el filósofo tiene miedo. Bataille va a desaparecer también en el futuro.




4


Queridos hijos de Noí: está bueno tener miedo pero no siempre el mismo miedo.





5


Si el corazón existiera, y los sentimientos existieran, tendría un agujero lleno de pozos y obreros que llamo continuamente a trabajar.
Pero el corazón no existe.




6


Todo el tiempo estoy esperando que una parte de mi cuerpo renazca y me diga la verdad.
Usualmente, son mis manos, mis ojos, mis testículos o mi cara.
Quiero ser feliz. Quiero ser una persona no hecha de límites.




7


Había belleza en el mundo.




8


Queridos hijos de Noí: todas las personas tienen trucos y trampas. Una vez descubiertos esos trucos, las personas dejan de ser animales, empiezan a pertenecer al reino vegetal.
Hatahoshi, E (V)

Fue a los 25 años cuando conocí a una mujer muy hermosa. A los 26 y a los 27 me dediqué a escribir sobre ella. Todas las tardes me la encontraba en las hojas de mi habitación, recuerdo que me paraba arriba de una silla enorme y desde ese punto visual miraba las hojas desparramadas por el piso. Después me agachaba, me tiraba en el suelo, me ponía a fumar y a escribir. Una noche (había escrito demasiado), la silla se tambaleó en el momento de la visión y fui a parar al piso. No pasó nada grave, sólo un poco de sangre y la mancha debajo del mentón que se había agrandado un poco. No pasó nada. Pero me pregunté: ¿seré parte de la visión, ahora? La tarde siguiente, lo primero y lo único que escribí fue: “ahora tengo 29 años y entiendo cada vez más cosas”.

Deambulaba por las calles. A veces me seguía un perro mitad siberiano, yo siempre sospechaba que era un perro policía, como si de ese modo doméstico y ruso alguien me estuviera, todavía, siguiendo. Pero la persecución no hubiera tenido sentido. O sí. No sé. Deambulaba por la ciudad y una noche encontré un cartel: “Busco perro”, decía. Enumeraba las características. Estaba seguro que un perro como el nombrado no podía existir, así que me dediqué a buscarlo. A medida que me alejaba de los barrios centrales, la cantidad de carteles que decían “busco perro” iba aumentando, y a veces pensaba que había olvidado cómo era el perro que buscaba. También había otros carteles, que prestaban todo todavía más a confusión: “La regla es una excepción”, decía el que no sabía si era mi preferido o el que me daba más miedo. “Recordá a mamá”, decía otro. Yo trataba de no hacer caso, buscando en los parques solamente los perros, centrando mi visión en eso, en las luces encendidas de los televisores, en las familias con parte de la comida cerca de la boca, la luz del televisor filtrándoseles en las entrañas, era como si se llevaran una luz eléctrica o un hada al centro de la boca.
Cuando se hacía más tarde, si no estaba muy lejos y muy cansado, lanzaba piedras y me sentaba a esperar. Un perro inevitablemente ladraba, después ladraba otro perro, después otro, y así. Yo sabía que los perros perdidos no ladraban, que si escuchaban ladridos entonces se estaban escondidos, que el lugar no era ese, que me tenía que ir. “La regla es una excepción”, decía el cartel, lo había encontrado de vuelta a mitad de camino.
Miré al perro siberiano, creo que traté de decirle algo.
Recordé a mamá, sus manos, la luz, la mirada verde de Hatahoshi.
Abrí las manos y empecé a brillar.
Todos los perros se callaron.
El perro que buscaba nunca apareció, y entonces rompí todos los carteles.
The Tourist (II) + manifiesto cyborg (II)

Sigo pensando en literatura y turismo, aunque no escribo un carajo. Tengo en la cabeza una canción donde un cínico cuenta que todo el mundo es de plástico, y eso parece ser malo, ya que siguiendo la lógica de la acusación, todo es superficial y falso y todos son unos caretas. La parte gloriosa es después del segundo coro y el puente, el tipo habla de “su chica”, y dice que “tocarla es real”, hacer cosas con ellas “es muy real”, hasta que llega el momento clave en que él la llama “mi chica de plástico”, se da cuenta, y toda la canción y el mundo implotan y los walkmans viejos que mi hermana me prestó empiezan a caminar solos por el piso.

El inspector me pide los documentos. Yo miro una hoja tirada en el piso, y leo:

“Las viejas siempre se sientan
en el colectivo
adelante
porque se quieren morir”

“Si le miro los senos
a una mujer muy vieja
y muy gorda
¿quiere decir que ya estoy acabado?”

--- * ---

Hay otra canción, de Cobain, no habla de Turismo, pero se llama “Tourette´s”, que no sé qué coño significa pero pega en el palo. En una parte, Cobain y el espíritu de Janis Joplin gritan: “Fuera de la ciudad / fuera de mi vista / está mi corazón”. Interesante emplazamiento. Entiendo lo que quiere decir, creo que hasta lo comparto, pero es suficientemente desolador.

El inspector habla.
No sé qué dice, no me interesa.
Le devuelvo el papel y le pido de vuelta los walkmans.


Cierro y abro los ojos, se me ocurre una frase:
“Tengo un holograma en el corazón”.

Pero no sé qué hacer con ella.
The tourist

Mientras trato de pensar qué y cómo escribir algo acerca de “Literatura y Turismo”, encuentro esto tirado en un cuaderno.
Creo que yo estaba en San Luis o Mendoza haciendo autostop, la idea era escribir todos los días y todas las horas pero en algún momento se me derritieron las manos.
La única anotación del cuaderno, dice:


Cosas que extraño durante el primer lapso de viaje. a) Los pequeños momentos encima de la bicicleta. b) La incomodidad del almohadón.

En el trayecto he visto: un partido de fútbol en una cancha de barrio.
Un cartel que en el lugar donde usualmente se lee
“Alquilo Casa” tenía inscrita la leyenda “Boca puto”.


Una neohippie con vincha naranja atormenta a los demás viajeros con el llanto de su hijo. El nene, ahora, se mea.


Todas cosas que podría haber visto en casa, en televisión.
--- * ---

Trato de compararlo con la siguiente anotación. Está en un enorme cuaderno de anotaciones, que empecé el otro día, y tiene dos o tres hojas. La frase no es mía, pero ya no sé de quien es, y no me importa.
Dice:

“Este cuadro del Atica, el espactáculo que yo contemplaba, había sido contemplado por ojos cerrados hace dos mil años. Pasaré a mi vez: otros hombres tan fugitivos como yo vendrán a hacer las mismas reflexiones sobre las mismas ruinas”.

Un turista.
Dos turistas.
(Los carteles funcionan como paisaje).
Cartas perdidas, II

¿S hablaba poco??
Decía cosas como "canon" "esquilo" "poder" y "contrapoder". No sé cómo carajo se me ocurrió sentarme al lado, más bien debería haberme sentado en la ventana y desaparecer en el momento adecuado, o entrar con una bazooka. Después recuerdo que una mina con pinta de responsable de la clase preguntó sobre la relación entre literatura y verdad, y no sé que cosas, parece que los escritores son geniales y pobres tipos que deberían ser escuchados y que existe, definitivamente, la metafísica.
Damn.
Como primera "disertación", me siento como si hubiera ido de putas por primera vez, y le hubiese dicho, a la señora, "es mi primera vez", y entonces ella me hubiera mirado con los ojos y me hubiera dicho "siempre lo va a ser, pichón".
Situación desagradable.
Sólo quiero escribir y ser feliz y tener una molécula de lectores y dos o tres novias.
Sobre el posmodernismo decir: "Sí, la actualidad es estéticamente posmoderna, no hay nada que hacerle, sólo hay que mirar, está ahí".
Dios.
Gracias por la onda, che. Me hubiera sentido más solo y desarrapado si no estabas vos.
Abrazo.
Suertes.