- Hola, tanto tiempo... ¿cómo estás?
- Mal.
- ¿...?
- Tengo miedo.
- JajaJa ¿Por qué tenés miedo?
- Simple: Juan dijo que si no me tomaba un valium me iba a morir.
- ¡JAjaJA!
(El consultorio es blanco, con un leve tono marrón y tiene en el medio del techo una luz. La luz es de cristal blanco crema, tiene tres aros concéntricos. En la pared de enfrente, si bajo los ojos, manteniendo la cabeza inclinada y la boca abierta, se ven tres cuadros. Tres cuadros: en ninguno de ellos, la boca de nadie. Solo gente de espalda, o un cuadro de Dalí, donde aparece la cara de Gala, desintegrada)
- ¿Y? ¿Es para tanto?
- ¡Esto es genial!
- ¡¿Qué?!
- Es genial. Tengo la mitad de la boca muerta.
- ¿Ya te hizo efecto la anestesia?
- No sé. El labio inferior me tiembla un poco, pero después en la mitad de la cara no siento nada.
- ...
- Es increíble. Todos estos días decía que me sentía así, sin sentir nada en la mitad de la cara, pero sólo era una metáfora. Si pongo la lengua del lado anestesiado, es como si la metiera en un agujero negro. No siento nada. Si la pongo del otro lado, es una lengua normal.
- ...
- Viva, muerta... Viva, muerta... Viva... Muerta...
- Mmm... Igual hay que esperar a que la anestesia haga efecto completamente.
- ...
- ...
- ¿Está mal si hablo?
- Mmm... No.
- Perfecto... Hay una canción de un grupo que no me acuerdo como se llama, que en una parte dice “no estoy acá / esto no está pasando”.
- ...
- La canción, repite, en muchas partes “quiero desaparecer completamente”. En ningún momento menciona la palabra “anestesia”, pero mi lengua ahora se siente así. Si me pusieras más anestesia, entonces...
- A ver... Mové acá...
- ...
- Perfecto, ya puedo empezar...
- Ahá... ¿y vos escribís cuentos de ciencia ficción?
- No. Pero es frecuente el recurso de la telepatía. Personajes que hablan sin la necesidad de abrir la boca.
- Ahá...
- Se comunican unos con otros. Algo ridículo, pero muy espiritual.
- ¿Y vos escribís...?
- Por otra parte, en los cuentos de terror, los dentistas son generalmente personajes horrorosos. Creo que esto se debe a dos cosas: por una parte, al afán analítico y casi microscópico del dentista. Eso indica una gran técnica, y por ende, mucho poder. Los cuentos de terror simplemente llevan esa sensación cotidiana a su límite.
- Claro...
- Por otra parte, la posición demasiado expuesta, casi completamente horizontal, y la postura anestesiada de la cara, hacen del paciente un personaje sumamente expuesto, pasivo, dependiente, frágil: el estado anímico típico donde se genera el pánico...
- Bien. Pero esa posición funciona tanto para el cine porno como para los cuentos de terror.
- Pues claro. Entendés rápido, Nieve.
- ¿Nieve?
- Sí. Es un nombre que te puse en mi cabeza, pero no digas nada.
- Ok.
- ...
- ¿Y cómo te sentís?
- La verdad que como el culo. No sé a qué viene esa expresión, pero quiere decir que estoy mal.
- ¿Sí?
- Sí. Son muchas cosas para explicar en una sesión. Mirá, en principio, me gusta mucho hablar, pero si hablo tanto empiezo a sentir que me escondo de algo.
- Ahá...
- Mientras venía para acá, caía nieve, ¿te conté?
- ...
- No importa. La cosa es que pasaba gente en un colectivo. El vidrio estaba empañado, la gente adentro apenas si mostraba la cara, todos metidos de lleno en sus camperas. Apenas si asomaban la nariz.
- ...
- Bueno. Cuando miré el colectivo con toda esa gente sentí que era como si mirara mis sentimientos.
- ¿Y el colectivo iba para qué lado?
- Para donde no iba yo.
- Entiendo.
- Yo también.
(Mientras me metés la mano en la boca y tengo la boca completamente abierta, veo la luz. Tres círculos concéntricos, uno al lado del otro. Manchas, cuadros de mujeres de espalda, y Gala desintegrada, en la pared. Quizás deberías poner un rompecabezas en el techo. Eso, o un acertijo. Hubiese sido divertido, casi me hubiera evitado pensar o sentir dolor. El techo es blanco, como si estuviese lleno de nieve o cal. Mientras metés la mano en mi boca, recuerdo que apenas llegué miré la foto que está detrás, en el mostrador. En la foto estabas vos, abrazando a tu familia. Vos, tu mujer, y tus dos hijos. Los abrazabas a todos, por detrás. La mano derecha, sin embargo, caía inocentemente sobre el pelo de tu mujer y el hombro izquierdo de tu hija. Supe, en ese momento, a quién de ellas querías más. Es raro, no parecías peligroso. En las fotos familiares casi nadie parece peligroso)
- ...
- ...
- ¿Eh?
- Ya está. Te quedaste un poco dormido. Pero ya está.
- ...
- ¿Duele?
- Un poco.
- Bueno. Va a doler. Tomate unos calmantes. Las primeras 48 horas vas a sentir que no podés masticar.
- ...
- ...
- “Ya no podrás ser puro, como la nieve”.
- ¿Cómo?
- ... Nada. Estaba pensando en voz alta. “Quiero ser puro, como la nieve”. Es una frase de un profeta, me vino a la mente.
- ...
- ...
- Ok.
- Doc, una pregunta...
- ¿Sí?
- ¿Me puedo llevar un balde de anestesia?
- Jajaja
- No fue un chiste doc. Nada fue un chiste.
(dibujo by Nico)

