Querida Zelda


Ayer y anteayer empezaron los talleres de escritura en casa 13. "Como un adolescente", me escribó que se sentía H, quien también había empezado. Estuve buscando mails, esos mails perdidos que uno no quiere perder. Antes había estado leyendo cartas de escritores, novelas de escritores que en realidad eran cartas, y había pensado en que los mails y las cartas eran, en ese sentido, lo mismo, pero que los mails se perderían aún más rápido. Supongo que a veces uno quiere elegir lo que se pierde, hacer algo respecto a eso.
"Es un año difícil", me dijo F. Era de noche, de pronto la noche tenía color, y ese color era amigable, y era oscuro. "Quizás sea la inflación", pensé o le dije (no lo recuerdo). Quizás las cosas sean más costosas y los actos más costosos y la energía más frágil. Como si todo el tiempo se estuviera por cortar la luz, o uno tuviera esa sensación, como si esa sensación estuviera cuesta arriba, y de pronto bajara corriendo y lo empujara a uno.
"La luz vuelve del lado izquierdo, cercana a la tapia, hasta golpearnos de lleno, sin dolor... cuánto habrá recorrido para llegar a nuestros cuerpos", escribió el año pasado Yin, en un libro que tengo en la biblioteca, al que estuve volviendo (y que te agradezco). "Todos estamos adentro y afuera". También escribió eso.
"Tengo... un torpedo en el ojo... ¿Quién no tiene, un torpedo, en el ojo?", dice la canción que escribí ayer. Me salieron dos canciones esta semana. Una es religiosa, la otra un homenaje a los Smiths. Una el martes, otra el miércoles. Justo los días del taller. Pronto buenas noticias respecto a la banda...

pd: no dejen de leer la carta de Zelda Fitzgerald a Mr. Scott. Gracias E por acercarme a ella. Y gracias al bienaventurado desconocido que la subió a la web.