Reseñas de domingo.
Hoy: Tratado de las siete diferencias


Pensando en mi vida
que también es un error



1. Creo que la primera vez que tuve en las manos una revista con juegos de ingenio fue a los diez. Años. Tenía un principio de neumonía por correr bajo la lluvia montaña arriba – montaña abajo, y no podía ni moverme ni, tampoco, salir a jugar. En esos momentos en que ver televisión era evidentemente aburrido, ya que lo mejor estaba afuera (mis amigos haciendo desmanes bajo un día de sol), me llegó a las manos una revista con juegos de ingenio. Muchos juegos de ingenio. Con diferentes niveles (principiante, idiota, usuario habitual). Entre esos juegos, había uno ya por mí demasiado conocido, que reaparecía ahora con un mayor nivel de complejidad. Dado que en esas circunstancias no podía sino pensar en la felicidad perdida (jugando afuera, acompañado, abajo del sol), encontrar algo con que ocupar mi cabeza fue un modo de aceptar el juego de estar solo y, al mismo tiempo, sentirme bien. Hace unas noches, bajo la nieve, tuve un reencuentro con ese juego. El juego de las seis (cinco, o siete) diferencias.


- Ahora, a quien le interese el juego, entrar ACÁ -


2. Retomando: encontré una versión “web”, del juego de las diferencias. El principio básico está presente: dos escenas (A y B), que mantienen entre sí una relación de correspondencia y, a la vez, de desigualdad. Es en esa desigualdad sobre la que se debe hacer el trabajo, hasta restaurar la comunión final entre A y B. El formato “web”, sin embargo, permite variaciones interesantes. A saber: se trata no de una (1) escena, sino de una sucesión de escenas (x). Encontrar las diferencias en una de ellas permite el acceso a la otra. Tener acceso a la otra, permite, a su vez, el acceso hipotético a una narración. Un relato: el de un contemplador de errores solitario que pasea por una ciudad, atendiendo a cada paisaje con la obsesión de que algo, afuera, falta. De que algo está o ha dejado de estar, ejercitando una especie de melancolía que se proyecta en los detalles y los contornos del mundo, casi contemplándose, fuera de sí. Esa historia es, en cierto modo, “joven”. En la primera escena, la que inicia el relato, un muchacho con suéter rojo está tirado en el pasto mirando las estrellas. La actitud de contemplación de ese muchacho, el simulacro de silencio y grillos alrededor, es la actitud (representada en la imagen) de quien juega el juego de encontrar el error. Las manos cruzadas detrás de la cabeza. Un lapso de reposo. La sensación de mirar algo con detalle, sin importar mucho qué, y sabiendo que es lo mismo y ya no es lo mismo que era antes.


3. El formato “web” permite, entonces, variaciones interesantes. A saber: hay una historia montada, que crece a medida que se “resuelven” las escenas. En esa narración se atraviesan escenas donde las calles de la ciudad aparecen absolutamente vacías (Ejercicio: pensar la soledad como experiencia urbana, la arquitectura como promoción de la soledad) y donde, sin embargo, existe la posibilidad latente de la presencia humana atestiguada no sólo por las huellas de suciedad, desorden o limpieza desperdigadas por ahí, sino por las luces encendidas en las casas. Se trata, aparentemente, de un mundo seguro donde todos descansan, duermen, o ven televisión, pero en el que nadie mira los errores de lo que pasa afuera, ni sabe que el mundo está desdoblado en dos: lo que es, lo que pudo ser, lo que debería ser. El formato “web” contribuye con otra variación: la escena adquiere movimiento. Cosas en la escena se mueven (el cielo, en la primera; un hombre sentado moviendo la pierna, en otra). Cosas en la escena se modifican, a su vez, si dejamos el tiempo pasar (en la última escena, la noche deja paso a una hermosa salida de sol). Entonces, con la idea de narración y bajo la posibilidad de movimiento, aparece muchas veces el sexto, el séptimo error. Y el contador de errores. Toda escena no sólo requiere la atención en el descubrimiento de las diferencias, sino también la atención al “dónde”, del contador. (Ejercicio: 5.4.3.2.1. El contador corre para abajo. Pensar que el hábito que se adquiere es el de atentar contra los errores, buscando reestablecer la armonía, y que esa armonía es pensada, brutalmente, como una ausencia de diferencia).


4. Quinto, sexto. Séptimo error. En algunas escenas aparecen, por tanto, diferentes tipos de movimientos, y cada escena puesta en relación con otra muestra, acompaña y es, el paseo de un sujeto (perdido) por una ciudad (hermoso simulacro de que la ciudad es la misma). En una de las escenas más confusas y rebuscadas, instalada en el centro de la narración, el sujeto aparece rodeado de psicodelia en el ambiente festivo de un hogar. La visión ahora es neblinosa, los objetos oscilantes y deformados. En el centro de la noche solitaria la fiesta nos convoca, y la caída de la abstemia lleva a una relocalización de la visión. La historia podría terminar (derrumbándose) allí. Pero el sujeto sale de la escena, resuelve los errores, entra en otra. (Ejercicio: pensar la actividad del observador desde dos frentes. En uno, como policía, detective paraestatal, o psicólogo: lo que se busca es el reestablecimiento de la “norma”. En otro, pensar esa observación como critica minuciosa del presente). Sexto, séptimo error. Encontrar ese último error muchas veces requiere un lapso de tiempo. Se pueden encontrar cinco, no seis. En ese intervalo de espera, que desconocemos como tal, todo adquiere una sutileza insoportable. Metidos en los recovecos del juego, contamos cada esquina de cada sombra, cada rama en cada árbol, repasamos cada similitud. Y ese sexto error nos introduce a su vez en el séptimo error, presente, pero inmodificable. Relato fantástico. En una escena donde contemplamos las fachadas cualesquiera de unas casas, y un poste en una esquina con el extraño cartel “no pasar”, si el acierto cede y los minutos fluyen, vemos correr, de pronto, un tren. ¿Qué hace un tren pasando por la calle? ¿Qué hace un tren, a toda máquina, pasando en medio de una calle sin riel? ¿Qué mundo es este?


5. Séptimo arte, séptimo error: una jirafa enorme de papel atravesando los rieles. Un hombre de negocios con cabeza de ciervo sentado, solo, en el tren. Son todos errores en un mundo sencillo, ordenado, solitario, y seguro. Lo fantástico es el recorrido, la perdición, el desencuentro, la posibilidad. El personaje central del juego de diferencias es representado como un sujeto que pasea, perdido en el azar de encontrar y perder diferencias. Atraviesa paisajes lúgubres o melancólicos, llenos de ausentes, donde la posibilidad de acceso al otro está casi cerrada, existente solo en cuanto metáfora de la luz: el otro (como en la web) es en principio una posibilidad eléctrica encerrada en una casa, entre cuatro paredes. El paseo, además, está repleto de escrituras / símbolos / mensajes, e interfiere circunstancialmente con la soledad de los otros (solo encontramos en tres ocasiones gente, y son personas solas, inmersas en sí). El final del viaje, para quien juega este juego de las seis diferencias, es no sólo el paraíso sino el infierno del final del juego, el “no otra vez”. Ese final está representado por una última escena: la llegada del día, la salida del sol. Una pareja, y a lado un cartel, que irónicamente señala: “¿Qué estás mirando?”.
Estoy tratando de pensar por un rato que el error está afuera y no adentro mío. Por unos momentos disfruto, paradojalmente, de una contemplación compartida de la soledad.

(Ejercicio: encontrar experiencias alternativas en las que la idea de “error” no esté presente, dando lugar a una superposición, y quizás, aunque no necesariamente, a una crítica a la idea de “armonía”: la disonancia, la música electrónica, algo de literatura "experimental”).

18 comentarios:

¿pablo? dijo...

En esa escena.

* Las letras en el cartel.
* La luz atrás al centro.
* Un árbol al fondo a la izquierda(!)
* Las lines mal dibujadas en el conito tirado.
* Los otros dos se ven sólo con mejor diseño.
* ¿Alguien sabe arreglar mp3? ¿Se me cagó quemando? La re puta madre.

uva dijo...

A ver: el jazz (dicho por alguien que ahora no recuerdo) considera el "error" como una chance para continuar y encaminar para otro lado una improvisación, una oportunidad de enriquecer la melo, que hasta ese momento fluía de determinada manera.
Continuando en la linea musical- pero de este juego en particular- cada vez que se resolvía una escena, sonaba un acorde mayor que brindaba la sensación de alivio. Agrego este ejercicio (con tu debida autorización ¿p?): pensar cómo nos influye y condiciona la afinación temperada y artificial heredada del mundo europeo occidental en los conceptos de bueno, malo, triste, alegre, reposo, tensión. Obviamente, son interrogantes que se hicieron muchos años atrás y terminaron en abolir la tonalidad en la música "académica". Pero en la música que nos rodea cotidianamente no se dio así. Todas las canciones pop-punk-lo que sea, cumplen las formulitas de reposo-tensión como en el siglo XVIII, donde lo "armónicamente correcto" carece de disonancia y si la hay, debe ser resuelta.
Ups, me re colgué, sorry, reflexión de domingo escuchando al grosso de Hermeto Pascoal. Muy bueno el texto. El juego ese es adictivo!

pavotas child dijo...

Si lo resolvés vos no tiene gracial, boludito. Carbonell trabaja en una empresa de juegos de ingenio. Eat this.

¿pablo? dijo...

Violíncósmico: gracias por el aporte. El jazz, sí, pero nada más alejado de mí que el jazz. A C le gustaba mucho el jazz, y escribía como si tuviera una máquina de hacer jazz en la cabeza. Tenés razón en lo del acorde mayor, y en lo de "resolver tensiones" o "resolución". En general, incluso, esas canciones se pautan como narración típìca: inicio - medio - final. Si ahondara más en algunas experiencias electro, tengo la impresión de que no enocntraría eso. Ahondara. Pero. En arreglo el mp3.

Muchacholuz: escribí bien, o no escribas. Se dice "eat that". Lo otro deciselo al peluquero de turno, no a mí. Jugá el juego completo.
Carbonell no es el único artista que trabaja ahí.

GradoCero dijo...

Me gusto mucho, muy bueno el final.

Cuantos errores que hay que acarrear, sobretodo en soledad cuando se saben libres de volver, está bueno pensarlo desde el juego.

Anónimo dijo...

escribi bien o no escribas?
mal...
puede decisrse de las dos formas.
es como destrocense o vivan...
falta el berrinche porque no hay cocoa.

Scarlett dijo...

No sé nada de los mp3; el mío todavía sigue siendo un misterio. Espero vehementemente que el misterio se aclare antes que termine de pagar las 12 fucking cuotas.
Tirálo y compráte otro. Es lo mejor que podés hacer cuando algo no sirve más. Dios bendiga la sociedad de consumo.
Salute.

Javier Martínez Ramacciotti dijo...

Nunca pude hacer un juego de ingenio. No por incapacidad de resolución, sino que carezco de la desciplina de esforzarme por algo que una vez terminado no me entrega nada: diferencia entre explotación del ingenio y la mirada en estos y juegos, y la misma dinámica pero empleada en una mujer. Otra cosa, yo también ando hace rato medio como imantado por las experiencias electro. Hay algo, no sé, algo distinto. derroche en disonancia indiferente. I don´t know. Pero hay. Hay.

Maria dijo...

Odio los juegos de ingenio, como Javier no tengo paciencia, con el agregado que tampoco tengo ingenio. Pero no se porque, magicamente, me salen...¿te acordas ese de los ganchos?.
Los odio, son algo asi como pasar el tiempo con estilo, después contarle a algún amigo lo maravilloso que es, ahora el mundo es nuevo, o subirlo a un blog.
Me aburren.

FIN

P.d: Escribi! Serás millones.

Lucas M. dijo...

Buen juego! Quedaba tan narcotizado con su estética ascéptica y digitalizada, su música, sus sonidos ambientes, que el paso del tren me hizo dar un salto y se me soltaron los auriculares. Una vez recompuesto, quedé boquiabierto y ansioso, pensando dónde estaba la última diferencia para pasar al nivel siguiente. Sabía, intuía, que algo más espectacular me aguardaba si seguía corrigiendo los errores. La salida del sol me produjo un abladamiento cardíaco.
Culpa del jueguito este llegué tarde a mi terapia conductista.
Algo que me interesó es la libertad de marcar el error tanto en la derecha como en la izquierda, por más que el programa ya diseñe que el de la izquierda es el correcto. Más interesante hubiese sido que la modificación de los errores dependa de la mitad en donde el jugador cliquea. Pero ya es mucho pedir para un juego que da mucho, y que Pablo enriqueció aún más con un análisis que marca la absoluta diferencia de recepción al disponer de otro soporte tecnológico que no sea el papel.
Ah, y anoche obligué a un amigo abatido por la depresión pre-invernal a jugarlo y quedó más nervioso y desasosegado.
Necesita terapia conductista.

¿pablo? dijo...

1:53.

- Piano, violines, mi gato jugando con una bolita -

Gradocero: thanks. Ben escribió: "Los juegos son parteras de los hábitos". Ben escribe como si a veces un relámpago le atravesara la mano.

Ano: sí. La misma lógica. Tenés razón otra vez. Gracias por restituirle a mi lenguaje la sabiduría del cacao.

Sc: ¿Tirarlo? Merd! Pero si era como un hijo! Sociedad de consumo, las pelotas. Insisto: me hablaba en lenguaje docil, era como un hijo, juntos cantábamos cada canción.

JVC: Estás estudiando Letras M, creo que tendrás que revisar tu noción de "finalidad". Hay gente para juegos de ingenio, y no. Hay épocas para los juegos de ingenio, y no. ¿El ingenio se explota? Mmm... Digo: no. Electro. Dejarla fluir. Ya veremos.

M: Tenés un ingenio natural. Los ganchos, sí, me acuerdo. Uno lo sacaste en un segundo y el otro me lo hiciste bosta. Escribir. Sí.
F.C., clarice. Gracias por ser parte del mundo, y de Egipto.

Darth Moreno: Es cierto. Y eliminé el extraño astrónomo desquiciado. Ascéptico, y me gustaba también pensar la relación de la mano con la escena y con la sensación de ansiedad. El juego no condena el acto de apretar en cada detalle buscando de ese modo (más salvaje) el error. Me gusta que el juego no condene eso.
Me pone contento que hayas llegado tarde a la terapia conductista. Astroboy es astroboy, su estado emocional es como un chaparrón que cae sobre todas las cosas.
Pd: mirá. Independecia, llegando a Pueyrredón. Un local, en el fondo la pared roja, la cara enorme de Meteroro man.

2:13.

- Música. Violines, piano, guitarra. Mi gata duerme en el colchón -

Anónimo dijo...

hey me llego Árbol, gracias , hacía tiempo que quería conseguirla...

rei demasiado con el vaso ruso...

Adiozzz

La Caro

GradoCero dijo...

ey pablo, de nuevo...
me gustó "Los juegos son parteras de los hábitos". ¿Quién es Ben, el de escritura como relámpago atrevesandólo?

GradoCero dijo...

atravesándolo... no sé porqué se me chispotean los acentos siempre... en la cabeza se dibuja la palabra con el acento como va, pero después no sé

besos

¿pablo? dijo...

Ben es Walter Benjamin, el muchacho con el relámpago en la mano.
Tarea: hacerse socio del Goethe sólo para leer a Benjamin.

Acéntos.

Buen día.

GradoCero dijo...

Si si, soy socia del Goethe... pero soy medio vaga y cada vez voy menos...
Lo he leído un poco a Bualter...
Gracias

beso

¿pablo? dijo...

Tarea número 2, entonces: ni se te ocurra sacar la biografía con fotos de Ben porque en cuanto lo devuelva el degenerado desconocido que se la llevó por mediano plazo la quiero yó.

GradoCero dijo...

Bueno este viernes se vence el plazo de los prestamos,voy a tratar de no quitarte ese libro, no prometo nada je. No, ahora voy por teatro, a ver si me educo un poco en esó.
saludos