lunes, abril 15, 2013

Baila, baila


El nuevo video viral de Internet se llama Harlem Shake y no es un video, sino un género por sí mismo. La historia comenzó hace unas semanas y se agotará pronto: un comediante japonés y sus amigos se filmaron haciendo un baile ridículo, y luego un grupo de surfers australianos lo imitaron y perfeccionaron. Entonces la cosa explotó: aparecieron Harlem Shakes de porristas, de nerds, un Harlem Shake en un noticiero, en la nieve militar de Noruega, a cargo de una familia nipona, de la filarmónica de Costa Rica, etc.
La cosa es así: hay una cámara fija y una filmación que se divide en dos partes (quince segundos cada una) mientras suena una canción pegadiza que repite “¡Con los terroristas!”. En la primera parte uno de los individuos en escena se mueve de manera ridícula (en general está enmascarado), como si estuviese trabado en un paso de baile, mientras la música se repite y crece. Los otros participantes lo ignoran rotundamente y siguen su supuesta vida cotidiana. En la segunda parte una voz dice “…harlem shake!” y el tema explota y todos (todos) los que estaban en la escena anterior se mueven como desquiciados, cada uno en su propio ritmo: suele haber varios semidesnudos, alguno dándose golpes y otro simulando un ataque de epilepsia.
Eso es todo. Un género por sí mismo y las variaciones e imitaciones que se multiplican, como si pudiésemos contemplar toda su historia en pocas semanas.
Baile, performance, youtubismo, coreografía, el Harlem Shake es, antes que nada, una alegoría: ¿pero qué viene a decirnos?
Acaso el enmascarado que rompe la rutina representa a la espontaneidad, invadiendo la abulia y el trabajo. Acaso ese enmascarado representa lo monstruoso (o la locura) invadiendo el mundo real. Acaso el enmascarado solitario que baila es la política, la politización en la historia de nuestros últimos años. Acaso esos primeros quince segundos son una cita literal de la frase de Warhol, y los quince segundos siguientes una crítica que el mundo web le hace a la idea de obra artística y fama individual.
El harlem shake es también una ironía sobre la paranoia terrorista, una rave familiar, un carnaval individualista (todos bailan solos) y una reflexión ambivalente y poderosa sobre la relación entre competencia e imitación. ¿Quién de nosotros puede ser más original? ¿Quién (y cómo) puede ser más original que todos, aún sin dejar de ser parte de nosotros?





(publicado en la Voz del Int., marzo de 2013)

Hiperquinéticos y adictos


En Enero de 2006 nacía el blog Tortiluchasencancún, un sitio delirante e impredecible que tuvo su época de gloria durante los años de proliferación de blogs. En Enero de 2011, luego de haber renunciado a sus columnas en El País y La Nación “por motivos personales”, Hernán Casciari fundaba la revista Orsai, que se distribuye mundialmente, que no tiene publicidad y que también puede encontrarse en la web. A mediados de 2012 nació la página “la gente anda diciendo” donde un anónimo recopila frases llamativas dichas por cualquiera en plena calle, y durante buena parte de estos últimos años Eterna Cadencia Editora llevó un sitio web dinámico y actualizado repleto de recomendaciones librescas, fotos y rankings.
Hace unos días, en pleno desierto veraniego de novedades, la Revista Paco (revistapaco.wordpress.com) salió a la luz y se convirtió en la alegría y el caos de la web. Un mediodía podemos encontrarnos con una nota sobre el amor en la red; una tarde podemos encontrarnos con una entrevista a un creador de fakes (perfiles falsos) y luego una con el creador de alta pendeja; una noche entramos y leemos una bitácora divertidísima sobre los baños en Francia y al rato aparece una nota sobre algunas tapas políticamente incorrectas de la revista Billiken, y otra sobre “el hombre sin cara” y otra sobre fotos de muertos en el comienzo de la historia de la fotografía y luego una entrevista a un poeta skater.
Son notas generalmente breves, vinculadas a las nuevas tecnologías y al presente, escritas por un cuerpo estable de escritores junto a colaboradores que, asombrados y contagiados por la idea, se van sumando. Las notas son acompañadas varias veces de imágenes ilustrativas, y oscilan entre el análisis crítico, el desparpajo, la provocación, el cinismo y el gusto por lo trash, lo deforme, lo porno y lo geek.
Podría decirse que la Revista Paco es una papelera de reciclaje donde se publica todo lo que los suplementos culturales rechazarían. Podría decirse, también, que la Revista Paco es un holograma del suplemento cultural del futuro. Pero serían ideas injustas respecto a los formatos (papel versus pantalla) y al tiempo (el pasado versus el futuro).
Paco es una referencia de cabecera para el 2013: educación para las nuevas y viejas generaciones respecto a la web 2.0, una celebración al trabajo en equipo, y fiebre, literatura y esperanzas para los días que ya llegaron.




(publicado en La Voz del Int., Febrero de 2013)

lunes, abril 01, 2013

Elogio de la inutilidad



Una página web que se proclama como la última y en la que se lee “es hora de apagar la computadora e ir afuera”.
Una página en la que llueven magnates y al rebotar contra el piso dicen: “enterrame con mi dinero”.Otra página en la que al mover el mouse se puede cachetear a un hombre con una anguila.Una página que se llama “¿está funcionando mi computadora?” y en la que sólo se ve la pantalla en blanco y la palabra “sí”. Otra que se llama “República de los Mangos” y muestra una bandera insólita con un gran mango, al modo de las obras de Warhol y la iconografía patriótica.Cientos de links ridículos y menores: se puede acceder a ellos desde el sitio “theuselessweb.com” (la web inútil), un catálogo insólito creado a fines del 2012 por Tim Holman. El sitio ha sido calificado de delirante y se lo ha asociado con el caos, el absurdo, la adicción y la inutilidad que imperan en la red.
Pero hay mucho más que eso: la página es una guía turística para recorrer un país sin nombre; es un libro sin texto acerca del arte en los tiempos cyber-modernos (un libro en el que se entroniza por enésima vez a los dadaístas, al anarquismo, al arte pop y a la obsesión retro).
“La web inútil” es, además, una parodia de Internet: de la idea de que navegamos, cuando en realidad sólo rogamos que nos lleven a cualquier parte (basta con hacer click en el botón que dice “por favor”); de la idea de que elegimos y reciclamos, cuando todo es basura y al mismo tiempo una novedad que nos divierte y nos aburre.
¿Por qué nos resulta gracioso un hombre borracho, bailando como un idiota?, parece preguntarnos. ¿Qué tipo de ternura se estimula mediante la contemplación de un perro que lame el monitor? ¿Por qué solo podemos escuchar fragmentos pegadizos de canciones? ¿Por qué siempre abrimos una ventana tras otra?
Hay quienes coleccionan billetes y hay quienes coleccionan sueños y hay quienes guardan cosas en cajas. Tim Holman es uno de los coleccionistas y aventureros de la nueva era virtual: nos invita a perdernos en su ordenado sistema de preferencias, mientras reflexiona acerca del significado de navegar en la web y de que nos hayamos acostumbrado a que lo asombroso sea a la vez tan ridículo.




(publicado en La Voz del Int., enero de 2013)

Como inmigrantes en el viejo mundo
(Sobre "Hoy el cielo está azul y blanco y...", de Tao Lin)



En 2006 Pablo Dacal publicó “El asesinato del rock”, un manifiesto estético donde habla del conservadurismo del rock y de la búsqueda ardua y necesaria de nuevas sensibilidades. En una parte decía “Cantamos nuestro idioma y vivimos nuestro sitio. No nos alcanza el tiempo”. Años atrás, el cineasta y escritor Martín Rejtman había modificado las coordenadas estilísticas al enfatizar la abulia, el desencanto y el crecimiento sin causa como elementos omnipresentes de sus obras.
Tao Lin (1983), de padres taiwaneses y residencia norteamericana, parece ser un fan póstumo e imposible de Rejtman y de las ideas de Dacal. Amado y odiado por los críticos, controversial, con una gran capacidad de autopromoción, Lin ha sido comparado con Carver, Beckett, Coupland, Kafka, Easton Ellis, etc, etc.
En “Hoy el cielo está azul y blanco con manchas azul brillante y una luna pálida y pequeña y voy a destruir nuestra relación hoy”, encontramos quince cuentos: algunos de media carilla, otros de doce, algunos angustiantes, otros predecibles, todos marcados por una prosa despojada que reemplaza el asco, el exhibicionismo y el alcohol de Bukowski por un mundo helado y rutinario. Los personajes de Lin quieren dormir todo el tiempo: faltos de vitalidad, sonámbulos, empastillados, zombies, son inmigrantes en el viejo mundo de siempre.
“Richie”, por ejemplo, cuenta la historia del secuestro de una familia, en boca del hijo único. Pero resulta que el hijo único es alarmantemente pasivo, que los secuestradores son compañeros de colegio que están buscando dinero fácil y que lo único que dice el padre es la cantidad de plata que está perdiendo por minuto. En “Debería” asistimos al apareamiento frustrado de una pareja de jóvenes que no tiene casi nada que decirse. Uno de ellos no tiene trabajo, la otra está todo el tiempo deprimida. Lo único que sabemos del mundo exterior es que hay un local donde venden colchones a buen precio.
Y acá conviene aclararlo: Tao Lin no es una promesa literaria ni el cabecilla de ninguna generación. Es un escritor cuya obra está anclada en el presente, presente por el que se muestra seducido y a la vez alienado, al igual que lo estamos todos respecto de las viejas ideas, el capitalismo tardío, las nuevas tecnologías, la juventud, la alegría, el aburrimiento y el amor.
Intrínsicamente ligado a la sobreexposición, a actualizarse y a propagarse, Tao Lin” no es sólo un escritor joven, sino también un software.


(publicada en La Voz del Int., noviembre de 2012)


 Islandia tomada
(reseña de "Las mascotas", de Bragi Ólafsson)


Hay un cuento increíble de Haroldo Conti en el que un niño se trepa al techo de chapa de su casa y se queda ahí, observando por un agujero, viendo a su familia con otros ojos, otra perspectiva, casi como si fuera un ángel o un fantasma o un muerto. También hay una famosa obra de Sartre y ésa de Beckett en la que dos hombres esperan que llegue Godot. Está la canción de Radiohead “Cómo desaparecer completamente” y además está el famoso sentimiento compartido en el que nos imaginamos presentes en una reunión sin que nadie nos pueda ver.
Todo esto recorre “Las mascotas”, del islandés Bragi Ólafsson, una novela en la que un tal Emil, que acaba de ganar la lotería, ve cómo un ex compañero levemente psicótico (y a quien no quiere recibir) se le mete por la ventana y le invade la casa. Para evitarlo, a Emil no se le ocurre mejor cosa que meterse debajo de la cama y esperar. Empiezan a llegar viejos amigos del protagonista, un conocido reciente, aparece incluso una mujer que Emil había seducido hace un rato y todos se ponen a beber mientras se preguntan dónde demonios puede haberse metido el dueño de casa.
La novela, dividida en tres capítulos, comienza como una obra de suspenso y termina convirtiéndose en una novela de enredos, cómica, convencional y a la vez absurda. El narrador nos cuenta lo que ve y escucha mientras sigue metido debajo de la cama: la sensación de desprecio (por la invasión) se mezcla con la vergüenza de estar escondido y con el estupor de no saber cuándo salir. El tiempo pasa y las páginas pasan y es difícil no compartir la impresión de que nosotros también estamos debajo de la cama: ¿qué hacemos ahí? ¿Qué estamos esperando?
Puede que la novela sea una metáfora de las relaciones sociales; puede que sea una metáfora del éxito, la riqueza o la fama (vienen a buscarnos cuando pueden sacarnos algo); puede que sea una alegoría sobre las consecuencias de la globalización en Islandia, o sobre la industria de los alquileres y la vivienda.
Con un final predecible y apagado, “Las mascotas” de Ólafsson nos somete a la contemplación del modo en que nos la pasamos mirando el tiempo, viendo como nuestro hogar se llena de gente que espera algo de nosotros y de pronto ya no estamos ahí. 


(publicado en La Voz del Int., octubre de 2012)

Invasión nerd
(reseña de "Que la fuerza te acompañe", de Alejandro Soifer)


Hay un video en youtube en el que se puede ver una imagen fija de Darth Vader y escuchar su respiración durante diez horas. Alguien se tomó el trabajo de buscar la imagen, de repetir ad infinitum un fragmento sonoro y de subirlo a la web, como si fuese “interesante”.
Por su parte, en “Que la fuerza te acompañe” Alejandro Soifer se dedica a describir y analizar la historia de la invasión de la cultura nerd en este lado del planeta. Haciendo un inventario minucioso, Soifer enumera objetos, series, películas y personajes que forman parte de nuestras vidas virtuales, nuestros pasados y nuestros sueños: allí está el auto de Volver al futuro, allí están los elfos, Freddy Krueger, los animé, Emilio Disi, Mario Bros, los primeros canales nacionales de dibujos animados, Robocop, Bill Gates y un largo etcétera.
Soifer sostiene que la sensibilidad y el imaginario nerd se popularizaron hasta perder el vínculo con un grupo minoritario de inadaptaros sociales y pasar a formar parte de la experiencia cotidiana de billones de personas. Varias hipótesis más atraviesan la antesala del libro: la idea (radical y acertada) de que resulta de igual o mayor importancia investigar la cultura nerd que las religiones, los próceres, el big bang o la vida de tal o cual; el énfasis en un cambio clave producido por la web 2.0; la disección de una sensibilidad reciente.
“Que la fuerza te acompañe” es un libro de dos partes: la primera, destinada a la “nerditud” y su desarrollo en el país, motivado en parte por el 1 a 1; la segunda, integrada por crónicas en las que Soifer desfila entre diferentes agrupaciones nerds: la caminata de los zombies, una reunión multitudinaria de fans de Harry Potter, un grupo de adultos que se reúnen para recrear costumbres medievales, festivales de cómics, una banda que le hace canciones a La guerra de las galaxias.
En el libro (que tiene dos tapas) se enfrentan también dos generaciones de nerds y dos tipos de “nerditud”: la del periodo formativo, ligada a grupos aislados; y la masiva. Soifer nos muestra en detalle y con alarmada insistencia cómo el estereotipo del nerd pasó de estar vinculado a algo negativo a ser cool: allí está el señor facebook, allí están Weezer, MacGyver y Walter White.
Es difícil no llegar a un punto en que todo parece nerd, considerar a la “nerditud” como una gran invasión que no tiene límite y que todo lo toca.
¿Acaso se termina lo nerd al hacerse tan popular? Quizás esa sea el cuestionamiento clave que rodea “Que la fuerza te acompañe” y que le da al texto ese aire entre documental y biográfico, tensionando la escritura entre la nostalgia, el festejo y el adiós.
Mientras tanto, en uno de los pocos libros dedicados al tema y que enfatiza la experiencia regional, intuimos que estamos ante la época de oro de una nueva mitología: había una vez los griegos, había una vez los romanos, había una vez el Catolicismo, había una vez todas esas películas, juegos y personajes con las que soñábamos antes y después de dormir.
Y para aquellos que les queda alguna duda, allí está el video de Darth Vader en el que respira durante diez horas, estático, crucificado en la web.

(Publicada en la Voz del Int., sept. de 2012)

domingo, febrero 17, 2013

 Antología del Cachalote Contemporáneo

Gracias a Jess Jess


I

Todo a mi alrededor es un dibujo
me siento en uno de esos primeros videos
que salían en mtv
o como fido dido, atrapado en una isla
fido dido se parecía al actor de forrest gump
y el actor de forrest gump se parecía
al de la película esa
en la que un náufrago vive solo y apartado en una isla
y todo eso se parece a
una novela del siglo xviii de un inglés
de buenas intenciones pero mala actitud
las ideas detrás de la novela eran
“cada uno es una isla”
“dios provee”
y “ocupemos nuestro territorio”
o sea, si al náufrago le daban un lápiz
hubiese dibujado sin parar
trazando líneas entre las colonias y el imperio
líneas entre ser fiel y ser un súbdito
y entre la soledad y la obligación
pero mientras tanto
¿ven lo que les digo?
ni vos ni yo
podríamos dibujar
nada que se parezca a nosotros
y menos aún
podríamos hacer
el dibujo de un pez
y las demás cosas que contemplamos
con la mirada perdida
solos en la mesa común.


II

No se puede representar
un cachalote
pero sí se puede
representar una mesa
lo cual habla a las claras
de lo mal que está la democracia
y toda esa gente abucheando
con papeles blancos en las manos
pidiendo por un acuerdo común
a la hora de dibujar mesas.
No puede ser que todas las mesas sean
iguales y distintas
porque no hay cosas iguales y distintas
esto es lo que dice la ley y es lo que
corresponde a la buena civilidad
entonces las mesas o son mesas
o son sillas o son ratas
y una rata mordiendo la pata de una mesa
es una parte de la mesa o una parte de la rata
o un producto nuevo al que le hace
falta una buena publicidad
y mientras tanto el cachalote
ha quedado de lado
porque la verdad de este mundo
la sabíamos desde hace dos siglos:
no se puede dibujar un cachalote
nadie puede dibujar un cachalote.


III

Así que chateo con vos
me decís que te cuesta imaginarte el futuro
te digo que ya estamos grandes para esas cosas
y en otra ventana mi hermana chatea
y me dice que quiere dibujar una ballena
una ballena no, le digo
dibujá un cachalote
y entonces se pone a buscar en google
y resulta que para ella
cachalote es un hostel
que queda en la loma del culo
y vos me decís
que cómo vamos a hacer
si ni siquiera podemos ahorrar
y sólo nos queda miedo acumulado en montañas
y te digo que ya estamos grandes para esas cosas
y que es hora de sentarse a producir
entonces nos quedamos callados
como si no supiésemos de qué estábamos hablando
y tengo muchísimas ganas de
ponerme a leer moby dick
pero entonces me pasás fotos
en las que estás disfrazada
y te digo que seguro que así vas
a encontrar un buen trabajo
y mi hermana me pasa un dibujo
en el adjunto veo
un hotel, o sea
una casa con muchas puertas y ventanas y el viento
mi hermana dibujó el viento
y afuera del hotel cachalote
un señor con sombrero y bastón
y una flecha que dice
“éste sos vos”
y cómo puede ser que en el dibujo sea tan viejo
quiero ser como el actor de volver al futuro
que siempre era igual
pero tenía parkinson, me decís
disfrazada de gatubela
con una mini y las tetas al viento
tu manera de pensar es opuesta al éxito
me dice una nueva ventana
que se abre al costado
alguien que no conozco y tiene razón
y entonces agrando el dibujo de mi hermana
y veo que es una casa
llena de ventanas que arriba dice
“hotel cachalote”
y pienso que estamos todos ahí
no nos vemos pero estamos
todos ahí
“hey”, escribo ahora
en las ventanas que me rodean
“¡vamos todos
a okupar el hotel cachalote!”.



IV

Todo a mi alrededor es un dibujo
debía de decirse
Jonás adentro de la ballena
dios es un dibujo que me pesa y que me obliga
y la respiración es el aliento
de un ser frágil bajo las aguas
pero no puedo mover una mano
debía de decirse
Jonás adentro de la ballena
cómo es posible
que estando en el centro mismo de las cosas
en su ser más profundo
en su propias fauces
no pueda dibujarla.


V

Una ballena se encontró con un cachalote
y le dijo sos como un mercedes benz
pero con la piel dura,
y el cachalote le dijo
sos como una actriz porno, pero con la piel dura
y la ballena y el cachalote se encontraron
con un pez y le dijeron
para dónde va el agua, hombre
no soy un hombre, soy un pez
dijo el pez
que se parecía muchísimo a un
empresario o productor
esa gente de clase media que
se llena de plata
esa gente que mira a las ballenas y cachalotes
como si fuesen un paisaje y un chiste
como si pudiesen estrujar toda esa piel dura
y saciar su sed
claro que todo
cambió cuando apareció una sirena
venía a los palos
de un recital de folklore
en el medio de suecia
y les dijo
vos sos un pez
vos sos un cachalote
vos sos una ballena
son todos una industria
y yo soy la sirena
la materia
de los sueños.


VI

Me gustaría saber cómo se llama
el agua que hay en los ojos de una ballena
y si las lagunas son
cosas que se les escaparon
animales tan grandes
la primera vez que vieron un barco
antes de acostumbrarse a ellos
debe haber sido como si
el nacimiento de los robots
o una máquina que siente o
el séptimo sentido
me gustaría escribir cómo se llama
pero no se llama
el agua que queda en los ojos
en el reflejo de la ballena.


VII

Entonces me preguntaste
en la ventana que quedaba abierta
si se podía representar un cachalote
me lo preguntabas en serio
era como si me preguntaras
si el árbol y el poste
realmente existían
o si solo eran
la materia con la que
nos atamos unos a otros
y damos vueltas en el suelo
así que estiré la mano y te dije
soy un cachalote
y me dijiste que te encantaría
treparte arriba mío
y te dije que no
porque siempre los animales fueron
esclavos de nosotros
cuando en realidad eran nosotros mismos
mucho tiempo después
todos tenemos gente que vive en Suecia y en Nepal
dobles de nosotros mismos
que duermen y suspiran
y cogen y trabajan y se mueren
así también tenemos sombras
y animales que nos siguen
ese cachalote que no podés dibujar
debe ser un ángel o un duende
si le pedís algo
seguro que te cuida y te destroza
por eso cuando abriste la ventana
y me preguntaste si realmente se podía
si realmente se podía realmente
representar un cachalote
te dije
la verdad más dura que te podía decir
y es que hace siglos que no escribo una línea
que me haga libre
que hace cientos de años
que no floto sobre las aguas
como un animal enorme.



martes, enero 22, 2013



El baile del lobo y el caballo





Hay un hombre lavando un auto viejo. Uno de sus hijos corre por la calle, se patina y se parte un diente. Hay siete niños en la vereda a las once de la noche. Corren y bailan como si estuvieran montando un caballo. Hay una fiesta a la madrugada llena de adolescentes. Hacia el final cantan juntos en un idioma incomprensible. En todas estas situaciones se escucha “Gangam Style”, la canción del coreano PSY que es furor en Internet.
También hay un cortometraje animado. Se llama “Wolf Daddy” (Papá lobo) y su director, Chang Hyung-yun, es coreano. El corto está en youtube (subtitulado) y dura nueve minutos y medio. Es sobre un lobo que quiere escribir algo que cambie la manera de pensar de la gente. Vive solo, toma café y escribe sin parar. De pronto alguien golpea a su puerta. Es una mujer que le entrega una niña: le dice que es su hija, le da dos cachetadas y se va. El lobo trata de acostumbrarse poco a poco a vivir “con su hija”, y entonces otra mujer golpea a la puerta. Le dice “te ves bien”, le da una hermosa patada voladora en cámara lenta y le entrega otro hijo: un conejo. Al final el lobo vive con “su familia”: una niña, una tortuga, un conejo y un ciervo. Tiene que cuidar a la niña y encontrar otra ocupación y dejar de escribir. “Tengo un nuevo trabajo para ella”, dice el lobo. “Siempre pongo más empeño en responder a sus preguntas que en escribir algo”, dice. “Después de todo, quizás sea su verdadero padre”. 
Recordándonos a Miyazaki, a Matrix, Kill Bill y Flores rotas (de Jarmush), “Papá lobo” es un cortometraje delirante y una fábula triste y alegre a la vez. Habla sobre la vida que deseamos llevar, las interrupciones, la resignación y la forma en que nuestras vidas se llenan de criaturas que tenemos que cuidar.
La felicidad delirante y pomposa de bailar y seducir, la idea de “hacer todos el mismo paso” que hay en la coreografía de “Gangam style”; la meticulosidad asombrosa y la soledad reflexiva y nostálgica con que vamos de un lado a otro, adaptándonos, mientras afuera llueve y el tiempo pasa, en “Papá lobo”: dos formas distintas de pensar a Corea, a los animales, a la masculinidad, al movimiento y a la globalización.




(Columna Zoom, para la voz del interior, diciembre de 2012)

lunes, enero 21, 2013


En el post previo, una nota sobre una banda de niños que se hicieron famosos imitando a Rammstein.  
La nota, al salir en un medio impreso, tiene limitaciones en su extensión. Durante el 2012 colaboré frecuentemente con esas notas, sean reseñas o comentarios y padecí las limitaciones, a la espera de que se fueran o de que aprendiera a lidiar y a vivir con ellas.
Lo cual no ocurrió y tuve que recurrir a una solución experimental de emergencia: escribir largo y tendido, escribir dos versiones (una breve, otra extensa) de un mismo asunto; ese fue el modo que encontré, un modo a veces agotador, a veces inquietante (me empecé a sentir capaz de condensar, criticar o burlarme de la nota "in extenso" en la versión breve, por ejemplo, como si una cosa fuese sencillamente la sombra o el titiritero o el gemelo malvado de la otra). 

A continuación, un ensayo sobre el problema de las limitaciones y sobre la banda medieval de niños, y al mismo tiempo sobre las posibilidades de hablar en la buena mesa, en la siempre amable página de los trabajos prácticos (donde una vez publiqué sobre el póker, otra sobre Messi y las promeas de juventud, y otra sobre pacman).
La banda medieval de niños
(versión limitada)

 

La historia empieza así: una pareja de rumanos que reside en Estados Unidos tiene tres hijos. Los niños crecen poco a poco y, tras intentos aislados del mayor, a los padres se les ocurre proveerlos de instrumentos y una buena educación musical.
Les hacen escuchar diferentes composiciones medievales y, luego de ensayarlas durante días, los tres chicos (Cornelia, 5 años; Olga, 8; Stefan, 10) hacen videos y lo suben a youtube con el nombre “Children medieval band” (banda medieval de niños).
Nada llama demasiado la atención hasta que a principios de 2012 suben una reversión de un tema de Rammstein. La imagen de un niño que nunca sonríe, una niña con una remera que dice “ESPERANZA” y una pequeña de 5 años que golpea un bombo empieza a circular por la red.
Aparecen cientos de comentarios: varios sorprendidos por las dotes rítmicas de la menor, algunos que marcan la versatilidad del mayor (que en una parte cambia guitarra por violín) y unos cuantos alarmados por semejante atrocidad: “están siendo explotados”, dicen; “¡La niña toca la batería con un par de muñecas!”, dicen; “Rammstein no es para niños”, dicen; “deberían arrestar a los padres”.
En un desenlace de esta fábula de la nueva era, los Rammstein invitan a los niños a abrir uno de sus recitales. Los tres niños salen en fotos y se muestran contentos.
Once años antes, en el gran video de la canción “Sonne”, Rammstein contaba a su manera la historia de Blancanieves, que resultaba una especie de drogadicta explotadora que los enanitos amaban y por la que trabajaban como condenados. Blancanieves, como la belleza o la niñez, resultaba encantadora y aunque moría por sobredosis al final resucitaba.
¿Qué quiere decir la inscripción “ESPERANZA” en la remera de la niña de 8 años? ¿Y la manzana que resucita a Blancanieves en el final del video de Rammstein? ¿Son el pecado, la redención, o simplemente la compulsión a la vida y al placer? 
¿Y si los dos videos hablan de lo mismo?
¿Si la canción y los videos hablan del sol que nunca se oculta, de los niños, del trabajo, la seriedad y la familia casual con la que nos encontramos, todas cosas a las que nos hacemos adictos?
¿Si todo ello habla del extrañamente definitivo y adictivo poder de “lo encantador”, que nos deja pegados a ello, con una sonrisa en la cara?

(Columna Zoom, publicado en La voz del Interior, Octubre de 2012)

viernes, noviembre 09, 2012

Susanita y el mar
(uno de los cuentos editados por Sofía Cartonera este año)


Susanita y su novio Andy viajaron a Mar del Plata para conocer el mar.
Susanita llevaba un bolso lleno de ropa, bronceador, revistas de moda y una libreta con las cosas que tenían que hacer. Andy no llevaba nada, en realidad era llevado por Susanita, como si fuera parte de su equipaje. 
Todo el viaje en tren Susanita lo hizo callada. Andy, en cambio, estaba tan ansioso que sólo habló y contó chistes. Decía que Mar del Plata en otra época seguro se llamó “Mar de oro”, y en otra “Mar de dinero”, y en otra “Mar de pesos”. Decía que en aquellas épocas los piratas creían que si se tiraban al agua capturarían muchas monedas de un peso, hasta que un día un pirata murió ahogado porque juntó dos millones de monedas de un peso y no pudo salir a flote, tan pesadas eran. Cuando Andy contó esto, Susanita lo miró de reojo, como diciendo “sos incorregible”, y volvió a quedarse dormida.
Susanita era pelirroja, pálida, alta, esbelta y hermosa. Era tan hermosa que daban ganas de comérsela. Su novio Andy, en cambio, era un alfeñique: era pálido, alto, flaquito y feo. No le gustaba hacer ejercicio, no le gustaba nadar, sólo le gustaban: Susanita, hablar mucho y hacer chistes tontos. 


Apenas se bajaron del tren, Susanita y Andy fueron al hotel y después a la playa. Susanita se sacó toda la ropa, se dejó una bikini muy chiquita para cubrirse, se puso bronceador, cerró los ojos y se tiró a tomar sol de espaldas y después de frente. Andy el alfeñique, en cambio, se dejó la ropa y se quedó mirando el mar. No entendía bien porqué, pero le daba nostalgia, como si el mundo de la arena estuviera en un tiempo y el mar en otro. 
Andy empezó a recordar muchas cosas que le habían pasado. Recordó tantas cosas que le dieron muchas ganas de hablar. Entonces, sin mirar para el costado, a ver si su novia estaba despierta o dormida, empezó a contar cómo una vez su abuelo se había caído de un tractor, cómo la abuela se había tropezado con una botella de sidra en una navidad y cómo el gato se había caído en el inodoro cuando trataba de tomar agua y a partir de entonces lo empezaron a llamar “pescado”. 
Andy el alfeñique contaba todo esto mientras lo recordaba, al contarlo era como si lo fuera descubriendo y sentía algo muy triste y a la vez muy hermoso. 
Y así pasó la tarde hasta que el sol se ocultó detrás de unas nubes. Entonces Andy miró al costado y vio que su novia Susanita ya no estaba. No, sí estaba. Seguía recostada en su toallón, con la crema bronceadora al lado y de espaldas al sol. 
Pasa que Susanita ahora era más chiquita. Se había convertido en tortuga. 


Andy dejó a Susanita la tortuga tomando sol y siguió recordando cosas y contemplando el mar. Tenía muchas ganas de hablar todavía. 
Contó que cuando le quisieron poner la primera inyección salió corriendo desnudo del hospital y casi lo pisa un auto y se dio cuenta que eso le hubiera dolido más que la inyección y se quedó pasmado. 
Contó el episodio favorito de una serie de televisión, que justo era el episodio donde los héroes huían de una cárcel todos disfrazados y después se olvidaban de sacarse el disfraz y entonces ya eran otras personas y se olvidaban de los que habían sido. 
Y entonces se calló un poco para tomar aire. 
En ese momento un señor muy grande, musculoso y bronceado que lo estaba mirando se acercó a él. 
–Sos muy poca cosa para tu novia –le dijo. 
Y Andy miró de nuevo y vio a Susanita hecha tortuga. 
–Es que es tan linda –le dijo.
El hombre bronceado se  agachó y acarició el lomo de la tortuga, que asomó la cabeza como si el señor bronceado fuese el sol y la lluvia. 
Andy el Alfeñique se quedó boquiabierto, sin la menor idea de qué decir o qué hacer. El señor grande y musculoso levantó a Susanita, la encerró en la palma de su mano y se la llevó consigo. 


Andy el Alfeñique se llenó de bronca y de malestar. Se puso todo colorado, empezó a temblar, se sintió tan mal, tan poca cosa, tan tonto y tan débil, que corrió y corrió y se tiró al agua. 
Y pataleó y tragó agua y tiró brazadas en el agua y en el viento.
No podía hablar con el agua porque si abría la boca se le metía toda por ahí y empujaba en sentido contrario sus palabras. 
“Susanita”, pensaba Andy mientras se hundía su  cuerpo en el agua.
“Susanita”, “Susanita”. 
Las olas lo empujaron mar adentro y el peso de su cuerpo enclenque lo fue llevando mar abajo. 
Y descubrió algo que no sabía: que así, callado, podía estar mucho tiempo sin respirar abajo del agua. Casi como si fuera un pez. Andy el alfeñique movió los brazos, el pecho, la espalda, los pies. Nadó y nadó. Se pasó una semana entera nadando en la profundidad del Océano olvidándose de todas y cada una de sus cosas, hasta que creyó ver el sol, enterrado en las profundidades del mar. 


Siete días después, una tarde brillante, se lo vio salir del agua. Era un Andy distinto: el cuerpo le brillaba, tenía cara de pez y ya no hablaba.
Dio dos o tres pasos por la arena y se sentó, respirando agitadamente, mientras el agua le caía por las piernas y los hombros. Vio que a unos metros había dos tortugas tomando sol arriba de un toallón. Una era muy verde y la otra medio roja. 
–Sos tan chiquita, tan poca cosa –le decía una tortuga a la otra. 
Andy se paró y se fue un poco más lejos. Se sentó entre la arena y el mar, en el lugar en el que las olas le tocaban las puntas de los pies. Empezó a recordar aquel hermoso viaje que alguna vez había hecho con Susanita a Mar del Plata, como si fuese un sueño que se le estuviese borrando. 
Cuando anochecía se paró y se acercó hacia donde estaban las tortugas, pero sólo había un toallón seco y un poco de bronceador. Los levantó y, con las manos extendidas, los colocó en el agua. 
“Seguro que pronto se transforman en otra cosa” pensó mientras los veía sumergirse y descender lentamente, océano abajo.
Después fue a la habitación del hotel, recogió sus pertenencias y se subió al tren de regreso a casa. 
En el asiento de al lado viajaba una chica alta y pecosa con una trenza muy larga y una remera muy corta. 
“Me llamo Susanita”, le dijo.
Y después le contó miles de historias durante todo el viaje.  


domingo, noviembre 04, 2012

2012 ha sido el año de "publicaciones para niños". 
El año pasado fue el de "música y poesía".
El anterior el de "cuentos".
Va de cantado que el próximo toca estrenar género o hacer segunda obra en género repetido.
Acá las tapas de los dos libros de cuentos para niños.
 El editado por Sofía Cartonera ("Cuatro Cosmo Cuentos") ha resultado una experiencia más que grata. 
Ojalá pudiera leerlos Spencer Holst. 



Como siempre, la imagen de los libros quedará al costado, encolumnada (horrible palabra, pido disculpas).
Recuerden que sobre la imagen de la bailarina hay un video que va cambiando periódicamente. Ahora mismo pongo un hermoso corto coreano que me hubiera desangrado por escribir.


Bueno, acá el periodo infantil de los post.
Largamos con esta página donde el señor poeta, editor y músico Francisco Garamona sube un disco que armó con gente menor. El otro día en un bar le expliqué a alguien que los niños por momentos se parecen a robots fallados, cyborgs medio descompuestos, entre la humanidad y el abismo y la niñez. Las letras de las canciones de este disco, compuestas por niños, pueden ser un buen ejemplo de otro tipo de programación o de enseñanza. Ver "El mono pepe", o "El payaso asesino".


 (para escuchar las canciones, hacer click en la imagen)

miércoles, octubre 17, 2012


Cartas a un joven poeta, párrafo dos, sección tres

 Había una vez un hombre
que escribía relatos en los que faltaba tensión
y una buena historia de fondo
sin embargo, estaban esos momentos de espera
en que uno de sus personajes fumaba mirando una ventana
o se sentaba a esperar en un hospital
o tomaba un café en un bar y se perdía entre las reflexiones
el ritmo y el paisaje.
Me hubiera gustado decirle
que explorara esos momentos,
que no importaba ya la historia
que el tiempo y el clima eran falsos
que todo resultaba apresurado y tan
poco convincente
salvo la dulzura y la crueldad de los objetos.
El éter
me hubiera gustado decirle
es una palabra inexplorada
el éter es lo contrario del amor
y tus historias pueden hablar de una pareja que se traiciona
o de una mujer que envejece y acosa a un joven vecino
o de la incansable danza
de los corazones rotos
pero nosotros somos el éter
somos la historia del éter
y estamos escribiendo,
y nos hemos perdido.

lunes, octubre 15, 2012

Manifiesto Zambra
(reseña sobre "No leer", de Alejandro Zambra)

Hay quienes nos alertan que si todo sigue así desaparecerán los árboles del mundo. También hay quienes dicen que nunca hubo tantos libros como en los últimos años, y otros que dicen que los libros, tal como los conocemos, se están extinguiendo. Hay quienes se alarman porque nadie lee y mientras tanto está lleno de personas que navegan de un lado a otro, como si sus cabezas fuesen un videoclip. Hay una nueva generación de escritores en todos lados, y las rutas están llenas de carteles que nos dicen dónde ir, siguiendo las reglas de siempre. 
A modo de intervención sobre todo lo anterior, se levantan los libros de Alejandro Zambra, obras minúsculas que exceden los géneros tradicionales y que a la primera lectura se nos caen de las manos como algo frágil y volátil, pero que luego crecen como la hiedra. 
“No leer” a primera vista es un conjunto de comentarios, reseñas y apuntes: Zambra escribe sobre las fotocopias, sobre las primeras clases de literatura que uno tiene que sufrir, sobre el oficio de estar solo, sobre viajar con libros, y también sobre Bolaño, Puig, Barón Biza, Cortázar, Coetzee, Buzzati, Millán, Lee Masters, Macedonio y muchos más. Lo que encuentra en ellos no son anécdotas biográficas jugosas o relatos dignos de resumir, sino géneros mixtos, frases, balbuceos, una guerra silenciosa contra las modas y tendencias y, ante todo, enfrentamientos íntimos con el lenguaje. 
“Así nos enseñaron a leer. A palos”, escribe Zambra. “Se habla muy poco sobre las palabras”, escribe. “Mientras sus contemporáneos seguían firmando versiones rutinarias de la gran novela latinoamericana, él construía una literatura nueva, irreductible”, lee y escribe.
De ese modo, “No leer” es una anti-novela policial en la que lo vemos rastrear y pensar en voz baja como un detective. Es un tratado de botánica en el que recoge las frases que ama, es el mapa de un jardín escondido y es, finalmente, una especie de auto-reseña, como aquella que escribió Bellatín sobre Kawabata (cambiando su nombre por el del japonés) o como la famosa entrevista que Capote se hizo a sí mismo.
 A medida que lo leemos, “No leer” se transforma en un libro fundamental de Zambra,  en la cocina en que escribe (y escribirá) su propia obra, como si asistiéramos a una especie de reality en el que lo vemos leer y entrenar hasta dar con sus propias reglas y con un manifiesto silencioso que nunca leeremos.

(nota publicada en la Voz del Int. El libro fue la primera publicación de la editorial Excursiones, uno de los tantos emprendimientos de la señorita Sol "todo terreno" Echevarría)
Los libros de Darío Cantón, todo para descargar en esta página.
Se recomienda la lectura de "La mesa", un libro demencial, que Cantón publicó anónimamente (suena horrible la frase, pero fue así), en el que escribe solamente sobre las mesas. Es uno de esos libros que hubiera amado Perec, por citar a alguien a quien le hartaba que pareciera igual y que, como Cantón, tenía proyectos minúsculos, épicos y cotidianos. 

martes, septiembre 18, 2012


Acá y en la China
(sobre las fotos de Ren Hang)




Si le damos una cámara de fotos a un adolescente, probablemente ocurra lo siguiente: a) fotos de adolescentes de fiesta; b) fotos de familiares, todo muy lindo; c) fotos experimentales, por ejemplo: un globo desinflado en un rincón. 
Si le damos esa misma cámara de fotos a Ren Hang (Beijing, 1987), se hará adicto a sacar fotos, con los años perfeccionará su técnica, hará exposiciones (con o sin censura), subirá las fotos periódicamente a la web y se llenará de fans.
Sus fotos (disponibles en flickr y en tumblr) están repletas de jóvenes, amigos y amantes en posiciones estrambóticas, varias veces sin ropa, a veces vestidos con flores o pescados o plumas de pavo real. Por ejemplo: un chico colgando desnudo de un árbol como un murciélago. Por ejemplo: dos chicas con la misma blusa a lunares (lo que las hace parecer una sola persona) desparramadas sobre un sillón rojo, como si estuviesen muertas o fuesen amantes o un maniquí.
Apenas si hay diferencia entre figura y fondo en sus fotos, cada uno de los retratados parece estar en su lugar, integrado al conjunto, perdido y a la vez rescatado en él. “No quiero aislar los seres humanos de las cosas, las plantas y los animales, ni que los otros tengan la impresión de que los chinos no tienen genitales y son como robots”, dice Hang. 
Recogiendo los pedazos de un mundo propio y de una generación, el joven Hang nos recuerda al niño Lartigue con su cámara de fotos, aunque con otra espontaneidad: Hang no es un espía de su grupo, sino su cómplice. 
Sus fotos nos recuerdan también a las de Nan Goldin, pero sin la soledad, la mirada apartada y la tensión que las caracteriza. Unidos entre sí, clonados unos a otros, ensamblados al paisaje, trepados a los árboles, metidos en una valija: los personajes de Hang son acompañados por el fotógrafo y la foto, son juguetones, provocativos, pasmosamente serios y desafiantes.
Si le damos una cámara a Ren Hang, sacará fotos sin parar y nos contará la historia de un grupo de amigos en China, que es también la historia de la juventud, que es también la historia de un pueblo escondido en otro y, finalmente, un catálogo de maniquíes que nos enfrentan desde el otro lado de una vidriera y que sólo hacen lo que quieren cuando no los vemos.



(publicado en La Voz, el 06/09)

miércoles, septiembre 05, 2012

Cartas groenlandesas 
(fragmento)


1 de Agosto de 2011

/ Aves /
Me desperté preocupado. Había estado soñando que tocábamos con muchas bandas: Erasure, Kiss, Benigno Lunar, Claravox. El problema era que tocábamos último, no sé en que momento decidimos eso pero recién subiríamos a tocar a las seis de la mañana. Yo pensaba, "no es una hora para nosotros, no podemos tocar a esa hora" y me sentía cada vez peor. Así que me desperté preocupado. Fui a la cocina, en la cafetera alguien había dejado un papelito con un mensaje. La gente debería hacer eso en todas partes, dejar papelitos colgados, sobre todo para cuando uno tuvo pesadillas. Me gustaría incluso que haya una ley pero eso arruinaría las cosas. Así que éste es como mi “papelito”. Caminaba a casa y pensaba, ya más calmo, en eso de tocar a las seis de mañana. En un rato me voy a dormir. No creo en el paraíso y en esas cosas pero quisiera soñar con las aves del paraíso. Me pregunto cómo serán las aves del paraíso, hacia qué lado vuelan y si podré sentarme en el suelo y mirarlas.


 6 de agosto de 2011

/ Snark /
Hay muchas bandas y sobre todo hay muchas bandas con problemas. Eso incluso les hubiese sucedido a los griegos, que eran muy amistosos, de haber conocido el rock. De hecho, podrían hacerse un mapa de “los problemas típicos de toda banda” y jugar a quién pisó más países. Está el país de “le partí el bajo en la cabeza a Joe”, está el país de “el baterista tuvo un accidente”, el de “no soportaba más a Damon”, el de “apareció Yoko”, el de “adicciones varias” y el más simple, democrático y plebeyo “no tenía más sentido hacerlo”. A veces pienso en cuál será el problema que nos tocará a nosotros. Obvio que es exagerado… pero así son los sentimientos.
Hay un poema de Lewis Carroll. Es de un grupo de gente que se sube a un barco y sale a cazar un monstruito. Realmente desean atraparlo. El camino y la búsqueda son alegres, el capitán hace chistes y todos beben ponche, un personaje amenaza comer a otro y sin embargo todo sigue siendo divertido y parecido a una banda de rock. El problema que surge en el poema es que el monstruito que buscan puede ser el que buscan, pero también puede ser otra cosa. Un monstruo casi idéntico pero que, al verlo, los hace desaparecer. Así: “plop”.



9 de agosto de 2011

/ Casa y hielo /
Hoy fui a tomar un café a un bar. La casa necesitaba estar sola, me dijo “necesito estar sola”. En el bar había una pantalla enorme en el bar pasando Banfield-Racing, había un único mozo joven y medio canoso que saludaba a todos los clientes por sus nombres, había música de fondo y, delante de mí, una pareja con diarios abiertos. Miraban los clasificados y recitaban precios de venta y tipos de casas. Los dos tenían anteojos, parecían tranquilos. El mozo no los conocía. En un momento ellos brindaron, luego siguieron leyendo en voz alta. Quizás su casa también les había pedido que se fueran o estaría por hacerlo, o quizás estuviesen por comprar una casa, algo que yo no podría hacer. Me hubiera gustado hablarles en silencio, como si fuese una de esas personas que pasaban por la calle, hablando en voz baja, tiritando de frío. Les hubiera leído el artículo que me dejaste sobre la mesada. “El horizonte blanco”, decía, “el gran desierto blanco de Groenlandia es como un enorme vaso de leche, un cubito de hielo de tamaño anormal”. Podría haber seguido así por un buen rato, hasta que el mozo conociera mi nombre y me hablara desde el otro lado de una ventana.
“Quiero el horizonte blanco”, le hubiese dicho.


Cartas de cartón
(reseña de "Querida Alicia", de Anahí Mallol)



Están las cartas que le escribía Kafka a Milena, están las cartas que se escribían Scott y Zelda Fitzgerald, están los mails que se enviaron Tao Lin y Ellen Kennedy jugando a ser hikikomoris, está la carta de la Maga a Rocamadour, está aquella famosa canción de Eminem basada en una carta, están todas aquellas personas en las que pensamos cuando estamos solos y está “Querida Alicia”, de Anahí Mallol.

 “Querido Daniel / escribo para decirte / leí tu libro / y me gustó”, leemos apenas comenzado el libro. “Querida Susana / años sin vernos / quién lo hubiera dicho”, leemos luego. 
Son poemas que siguen la respiración, la soledad y la templanza de una carta imaginada. Al mismo tiempo, son bocetos de cartas, fragmentos de monólogos interiores, retratos de los seres queridos y del cariño que viene y se va, con su propia cadencia, como un conejo con un reloj. 
Mientras tanto, aquellos que rodean a los poemas se hacen grandes y se hacen pequeños, rozan lo sencillo, lo detallado, lo minúsculo, y la que escribe se deja llevar por su voz: hay encuentros literarios, hay niñas jugando a ahogarse con una bufanda, hay amantes desconocidos, hay bebés, hay un libro llamado “matrimonio”, hay gente que se encuentra y se ríe pero está claro que lo hacen del otro lado del papel.
En una imagen ya clásica en nuestras vidas imaginarias, impulsada por las películas y las series, estamos sentados frente a una hoja, dejándole un mensaje a alguien: no damos con las palabras correctas y, frustrados, hacemos un bollo de papel. En “Querida Alicia”, Anahí Mallol hace de esos momentos una experiencia estética y cambia los bollos de papel por mensajes en una botella, haciendo de nosotros, lectores, una parte importante de ellos: seremos los últimos en recibirlos, solos frente a las hojas.
“Boris, no te escribo las cartas que quisiera. Las verdaderas no rozan ni siquiera el papel”, leemos en el epígrafe que abre el libro, una carta más o un poema más o una parte más del retrato de los que quedan. “Querido Kurt / mi luz brillante / mi fuego fatuo / pido un deseo / para que no me sea concedido / nunca”, leemos después o antes, porque eso hacen las cartas y los libros: nos llevan a hurgar acá y allá, sosteniendo otra vida entre las manos.



(publicado en la Voz, el 19/07)