"La miraba con franca curiosidad, como un niño que mira un nuevo animal fantástico en el zoológico, y respiraba como si hubiera corrido una gran distancia para alcanzarla".
/ Segundo /
"-Muchas gracias.
- ¿Por qué?
- Por responder amablemente mis preguntas antes del amanecer".
/ Tercero /
"Si me caigo, será tu culpa. Si me muero, no llegará a conocer las historias que me cuentas".
/ Los animales, el bosque /
Apenas entro veo a madre apoyada en una esquina de la mesa. Tiene las manos quietas sobre la madera, y la cabeza levantada. En la otra esquina, pequeña hermana. Mueve los pies debajo de la mesa, y el mantel es un sombrero que le cubre la cara. Madre habla. Le dice a hermana menor que la vecina se ha muerto, que se tiene que ir. Hermana menor deja quietos los pies, se quita el mantel – sombrero y mira a madre directamente a los ojos. Le pregunta qué es un muerto, qué es un funeral. Madre apenas si responde. Cruza un pie con el otro, y con las manos hace lo mismo. Cuando más tarde vuelve a levantar la vista y empieza a hablar, los pies de hermana debajo de la mesa parece que corren, como si fuera un animal perdido en el bosque, tan miedoso y tan rápido que apenas llega a tocar el suelo. El tiempo pasa. Madre sigue hablando. Cierra las cortinas, no va al funeral.

Todas las cosas que ya no funcionan
"Andá a fijarte si hay lluvia", le dice madre a hermana menor.
Febrero.
Todavía estamos en casa, aunque decir "todavía" no corresponde.
"Truco", dice mayor, y esconde la cara.
Mi otro hermano tiene la vista perdida entre la puerta entreabierta y el cielo.
"Truco", repite mayor. "¿Y...? ¿Llueve?", le dice mi otro hermano a la menor. Se le cae una carta.
Una grande.
Febrero.
Todavía estamos en casa.
Es lunes. El cielo estuvo cargado de nubes todo el mes. No se pudo salir, aunque decir "no se pudo", implica mucho más oscurecer las cosas que dejarlas en claro. Es lunes. El tiempo fue malo, imperfecto e inestable durante todo el mes. Afuera las nubes giran alrededor. Parece que no fuera a llover, que la tormenta, por un rato, hubiese terminado.
"¿Llueve?", pregunta madre.
Nadie contesta.
Una carta se suspende en el aire, luego cae.
El clima impide diferentes cosas. Movernos, por ejemplo. Salir. El río sigue y seguirá caudaloso. Igual, no disponemos de tiempo ni de dinero para salir. Padre no aparece. Todavía padre no aparece. Silencio. La cama de padre cruje. Los electrodomésticos están desconectados. La tormenta se va, pero amenaza.
Uno de esos días en que un rayo cayó y arruinó la vieja computadora. El televisor.
Los electrodomésticos que ya no funcionan. Febrero. Hermana juega con un oso rosa. El oso está mojado. "¿Se arruinó?".
No.
"Llueve".
Febrero. La luz apagada, y esperamos sentados con los pies en el piso. "Truco", dice mayor. Mi otro hermano levanta del suelo la carta que cayó, la esconde entre las que todavía sostiene. Mira un espacio vacío entre las cartas, la puerta, y el agua. "Truco", responde.
Hermana entra y sale de la habitación. Se escuchan, lejos, los quejidos de padre. Hermana entra y sale de la habitación. Abraza al oso.
Mojado.
Febrero.
El oso rosa con alas de papel nos vino a robar.
Eso le dijo mayor, a hermana.
Hermana mueve su nariz contra la cara del oso, el hocico.
"Padre nuestro que estás en los cielos".
Oscurece.
Lluvia otra vez.
Al apretar fuerte el estómago del oso rosa, éste habla: "Padre nuestro, que estás en los cielos...", dice el oso.
"Llueve", susurra madre, tapando el gorgojeo religioso del peluche abrazado con alas de papel.
"Llueve". Tiene una de sus dos piernas recostada en el sillón, la otra quieta, como si fuese de madera.
Gemidos de padre en la oscuridad.
Se mueve.
La cama cruje otra vez, hermano mayor simula tirar una carta, pero sólo, apenas, sonríe.
"Truco", repite.
Hermana menor mueve los ojos de lado a lado, como si estuviera masticando un reloj.
"Padre nuestro que estás en los cielos".
Sonido de suelas salpicando pequeñas gotas de agua.
Alguien poco deseable viene a buscar a padre.
Lleva botas canadienses, el pelo mojado.
"Envido", dice mi otro hermano.
"No está", dice el mayor.
Febrero. Tormenta se va, amenaza volver.
"Llueve"
"¿Llueve?".
"Te movés como un oso roto", dice hermana.
Cuando dice eso tiene la voz como si fuese madre.
Madre levanta el otro pie, de madera, pone los dos pies de madera arriba del sillón. Entra agua. La cama de padre vuelve a crujir.
"Va a venir Dios y te va a comer", le dice hermana al oso.
"Venimos del agua, y vamos al agua", dice el mayor.
"Padre nuestro que estás en los cielos".
Febrero. Queda una carta en todo el mazo.
"Envido; truco".
Padre se mueve como una oruga en celo, dirigiéndose hacia el baño. La tormenta amenaza, amenaza volver.
Padre hace que va al baño, hace como si vomitara, sus movimientos son lentos, como si realmente estuviera mal.
Al pasar de regreso a su cama, cruza una mirada, que da de lleno en la habitación.
Mira a todos, menos a mí.
Quizás empezar a tener respuestas me impide vivir las cosas. Pero quizás, la respuesta es algo instalado entre la vivencia de las cosas, y su pérdida.
/ Segundo /
Extrañamente, escribir es algo que te hace existir, y a la vez desaparecer. Es lo mismo que sucede con lo demás: los recuerdos, la soledad, el futuro, la infancia.
/ Tercero /
La felicidad es un problema de representación.
El miedo es un órgano.
/ Los animales del señor /
La luz cae sobre las cosas, que apenas se mueven, es la hora de comer.
Hay seis platos en la mesa, cada cual se pone lo que elige en el plato, y lo come, sin apenas levantar la vista, o hablar. Hermano, en cambio, habla mucho. Nos pregunta cosas que nadie responde. El televisor funciona, detrás, pero es como la voz de hermano, sin el intento casi obligado de hablar. Por la ventana apenas abierta, entra una mariposa de noche. En ése momento en que todos los animales del mundo deberían entrar, sólo entra eso: una mariposa de noche.
"..."
(Foto y montaje: Lucas Moreno)