Gómez




No sé cómo se llamaba pero le pongamos Nuria. Era el último día de diciembre, el último día del año, eso lo recuerdo dificultosamente pero en ese momento lo sabía con precisión. No voy a decir cuántos años tenía, porque eso suena patético, contar la edad en la que a uno se le ocurre que es pertinente perder la virginidad suena patético, y en casi todos los casos falso, salvo entre los dieciocho y los dieciséis.
Vísperas de año nuevo, madrugada, entonces. No, no te voy a decir que salíamos del Casino, que íbamos con sombreros y recién afeitados. Tampoco te voy a contar lo contrario, que tomábamos de la teta jugo tang (“tomábamos de la teta jugo tang”: suena perfecto). Salíamos de un local de video juegos de esos que abundaban diez o quince años atrás, que se multiplicaban de pendejos y de señores mayores con rostro expectante. No sé a qué juego jugábamos, seguro que a pacman no. No importa, no importa. No tiene sentido que sea tan específico, mejor sigo contando. Salíamos de uno de esos locales, era bien entrada la madrugada, habíamos desperdiciado suficiente planta, éramos tres, teníamos entre dieciséis y veinte años (no, quince: mejor quince). Salíamos de un local de video juegos en el medio del centro y entonces Gómez (llamémosle así, “Gómez”), agarró las llaves del falcon verde de mi abuelo y dijo yo manejo, yo manejo. Vamos de putas. No, eso no lo dijo él, no recuerdo. Quizás fue el otro, el islandés (sí, el islandés, en esa época conocimos al islandés). Alguien propuso ir de putas, y todos asentimos. En fin. Había que hacer un largo trecho, ya que es francamente imposible que en un pueblito como el nuestro los locales de putas estén emplazados en zonas centrales (no hay zonas centrales). Hicimos el camino que va hacia la ruta 20, la que va hacia Córdoba. A mitad de la madrugada, llegamos. Vacilamos un buen rato, es lógico, teníamos entre trece y quince años, no te quiero mentir en esto, vacilamos un rato. Detrás nuestro (es decir, detrás de nuestro falcon, estacionado en la vereda, a media cuadra del lugar) había un fiat uno, blanco, creo que blanco. Y adelante dos camiones. No, no es una metáfora: había dos camiones, enormes. De uno bajaba un camionero gordo (¿siempre son gordos, no?); en el otro acababa de subir, de regresar, un enano con pecas que estoy seguro que tenía menos de doce. Creo que estábamos un poco intimidados, pero éramos tres, y ninguno lo demostraba. Claro que ninguno tampoco salía del auto. Permanecimos callados. En silencio; quietos.
Pasaron al menos unos minutos.
Una hora.
Gómez fumaba. Yo jugaba con el dial. Como siempre a esa hora, no encontraba nada bueno en la radio.
Nada bueno.
Entonces el islandés (que no hablaba español y usaba un inglés tan malo como el nuestro) propuso bajar. No, no propuso nada. Directamente lo hizo. Dio un portazo, enfrentó la situación. El camionero gordo que volvía lo miró como diciendo “un islandés”, o “acabo de ponerla doblada”. Después observó el falcon, quizás se estremeció. Fue Gómez el que inmediatamente se bajó del auto, salió como eyectado. Obvio que a Gómez lo seguí yo, no me iba a quedar solo. No sé cómo se llamaba pero le pongamos Nuria. Tenía un par de tetas hermoso y visible. Era rubia. Oxigenada, creo yo, aunque bien sabemos que lo único que recuerdo son sus tetas. Y que pasaron ellos dos juntos, con una flaca, otra. Yo era más chico, tenía once, doce años. Me dijo hola, que tenía que esperar. Creo que intentó seducirme, que le comprase un par de tragos mientras tanto, pero yo pensaba en Gómez, en la flaca, en el islandés, en porqué había preferido quedarme solo. Solo con un par de tetas, claro está.
Me pidió que me lave.
Andá, lavate, me dijo.
Hacía mucho no me miraba desnudo, o nunca lo había hecho en ese lugar. Fue extraño. Una luz roja, mis pelotas en la mano, agua, jabón. Al principio la cosa no funcionaba, estaba nervioso. No, no temblaba. Simplemente seguía pensando que la luz del baño era molesta, que era muy roja, que porqué había preferido pasar solo y no con ellos. Nuria tomó cartas en el asunto: una rápida limpieza y trabajo bucal. No te miento, mientras me la chupaba no me pasaba nada, salvo pensar en el flan de la abuela y en Marcela, de cuarto año B. La marce: flaca, pelo negro.
Epiléptica.
Contaban que cuando a los quince se la quiso empomar el novio a ella le dio un ataque, se desmayó.
Pobre, el novio.
Igual la marce estaba buena. Muy buena. Y las tetas de Nuria también. Creo que me agarró de la nuca y me llevó contra ellas. Yo al principio reaccioné bien, pero después me quedé como atontado, mirando, sin ver.
Yo no acababa.
Pasaron diez minutos (diez, quince..., veinte) y ella me mostró el reloj, me hizo una seña, como si estuviera en Islandia y yo no fuera un islandés e hicieran falta señas estúpidas y universales.
Tuve que imaginar algo efectivo para acabar. Lo hice. No recuerdo qué, pero lo hice.
Cuando salí (quince minutos más tarde de lo esperado), el falcon no estaba. La flaca tampoco. Había un camionero, gordo, muy joven. Fumaba (¿todos los camioneros fuman, no?). No sé cómo se llamaba, le dije, buscando charlar. Pero creo que se llamaba Nuria. El camionero asintió. “Nuria Menéndez”, me dijo, y aplastó el pucho. Después me subí al camión y me quedé dormido
.

24 comentarios:

¿pablo? dijo...

Sí, ya sé, Anahi, otra vez jugando innecesariamente con palabras como "poronga" y "culo". Sí, no hace falta, es un gesto popu desmesurado. Sí. Es uno de los cuentos que escribí el año pasado. Lo releí anoche y me hizo reír. Eso. Además, los circuitos de circulación son amplios y flexibles. Oso polar, aforismos, etc.

Pula: hola pula. Fuiste a escalar?

Gordo: Extraño tus insultos, pelotudo.

Pablo Giordano dijo...

Lo bueno de este cuento está en el final, esa especie de remate en manos del camionero. Nuri Menendez, si, la conozco.

Anónimo dijo...

Tiramela Gomez?

Maria dijo...

Gomez

I
Teníamos frío,
mucho
frío.
De grande
aprendí
a vivir pelado,
coleccionaba
lagartijas.

II
Cuando sea grande
seré
camionero.
Ahora soy padre
seré
automóvil.

III
En el camión
en la banquina
tirado
por comer un hongo.

IV
Tengo un fibroma
expandiéndose.

V
La mayoría de la gente
tiene fibromas
los pinta con marcador.

VI
Me fui a vivir con mi viejo
no lavé los platos
le rompí la boca.

VII
No podemos dominar nuestra mente
pero sí
besar
a nuestra hermana.




VIII
Un camión
con dirección asistida.

IX
La vereda de casa
mi Mujer
gorda
de otro.

Anónimo dijo...

La buena literatura surge necesariamente de un pliego una muerte. Lo que no sangra no se mira, lo que no se pudre es de plástico.

ine dijo...

que horror esa cosa bastante arraigada, de perder la virginidad así.
un horror.
un horror, innecesario

¿pablo? dijo...

Diculpen la de-mora (1)

Pablo g: yo no sé, a mí la verdad me gusta, es hora de confesarlo, el personaje del islandés, trato de pensar qué carajo hacía metido ahí y me sigue intrigando. Nuri Menéndez... Vos también? Los cordobeses y su tradición de ir de prostíbulos...

Gordo?: sos vos? sos vos? Si sos vos, es un mal chiste. Pésimo. Sino, también. Tengo ganas de contarte uno con patos y con pinguinos pero mejor... no.

¿pablo? dijo...

Marie!: ¿Así que te parece una garcha? Vaya manera de decirlo.
Igual, Gómez es mejor apellido que Márquez.

Pd: El III. Y un poco el V. Y algo el VI. Me hace acordar a un poema de Casas. Làstima que el libro donde está se lo devolví a Ribó. Habrá que choreárselo.

Pd2: Los pinguinos saltan dos metros. Dos metros! Hoy me vi en un espejo de una farmacia: tenías razón. Igualito a la foto del zorro orejón.

¿pablo? dijo...

Anonymus: No tengo ni idea quién sos pero tu comentario me rompió la cabeza. Pienso en la palabra "pliego", en de dónde sale esa palabra. ¿Buena literatura? ¿Necesariedad? Sólo puedo articular un gesto de sospecha. Sospecha o no, la frase - comentario es excelente.
Lo que no sangra puede sangrar, un pedazo de plástico hirviéndose al sol, se derrite.

-- * --
Ine: Un horror? Es tan sólo un rito más, hay gente involucrada, circula dinero, una vez terminado se supone que las cosas han cambiado.
Lo raro y horrible es que en los prostíbulos sólo se vendan mujeres.

The executioner dijo...

Super oral.
(El registro, digo, no el pete)
Genial, felicitaciones.

¿pablo? dijo...

Si, la caro dijo que le hacia acordar a fogwill, la verdad es que no sé, pero oral.
Sigo creyendo que se pueden hacer cosas mejores y pienso, pienso...

dear prudence dijo...

deja de pensar:
respirá profundo,
acordate de los caracoles de jardín,
del camino q dejan tras de si,
del rosal del jardín delantero y de lo divertido q es dejar q se ensarten en las espinas...

es como la versión el pino de navidad, solo q sin pino, y sin pelotas de colores

mas q en la oralidad, yo diría q estamos en la fase sádico anal...
en fin, nada más por ahora.

besitos.

¿pablo? dijo...

Totalmente.

Deberíamos cortarnos las manos, tirarlas por ahí, verlas morirse o crecer.

Lo bello es algo que también padece el cuerpo.

Muy enfermo.

Diómedes dijo...

"El camionero gordo que volvía lo miró como diciendo “un islandés”, o “acabo de ponerla doblada”. "

Groso, pibe, te felicito.

¿pablo? dijo...

Gracias Maxim.
Esa es justametne la única parte rescatable del cuento.
Trato de pensar cómo es esa cara, y no la encuentro.

Tu libro, vivo. Pero en coma.

anaïs dijo...

Si no dijiste "poronga" ni "culo" ni palabras como

Bataille dijo...

No hace falta, decir.

pep dijo...

yo sabia que habia que leerlo hasta el final, al cuento.

¿pablo? dijo...

Sí, generalmente suele pasar, uno lee hasta el final.

Pd: Fucking comechingones!!! Tiene que haber algo en cba que tenga el nombre ese. Dios!

Edmond dijo...

Hola, estaba leyendo tus escritos. Muy bueno.

Anónimo dijo...

ho0la!

si pablo
pero en los blogs no
uno lee hasta donde el clik le dice

chau!

¿pablo? dijo...

Edmundo: Usted cree.

Anonymus: En los blogs uno lee hasta que se decide a escribir.
No hay lectores.

Anónimo dijo...

Sí, Nuria, parte del rito.

¿pablo? dijo...

Sí. Y al revés too.