Más trabajos prácticos

Un ensayo sobre las Clínicas y los talleres, escrito hace poco para la revista "Un pequeño deseo" (de Casa 13), ahora en los TP. Empiezo hablando de una novela de Stephen King. Huili, el administrador de la página, me manda a ver la película de Cronenberg.

4 comentarios:

r dijo...

me gusta lo de gentes que insisten
la zona muerta es lo que no está determinado...
la posibilidad de cambiar el resultado..

Pablo Natale dijo...

Y a mí me gustan las metáforas y esa trampa temporal (presente en tu comentario) que hace posible cambiar el resultado.

maigua dijo...

Empecé a preguntarme sobre qué estamos escribiendo. Digo, mi círculo de amigos, mis no amigos, los que escriben todo el tiempo y los que no, por ahí. ¿Sobre qué..? Esa sola pregunta también me dispara hacia tu reflexión: la obra se hace con el cuerpo. Es como uno que estudia una carrera y todavía le falta un trecho (largo o ínfimo), y que la única manera de terminar es sentándose (a estudiar). Pero pienso que el peso de la obra, al fin, se define solo, con el tiempo. Entonces el “ponerle el cuerpo” es una parte del asunto. Por eso me recurre aquella intriga y adhiero a la importancia de saber-querer-tenerenclaro qué decir, en el acto de escribir. Pero por otro lado es sabido que no todos los talleristas o asistentes a clínicas pretenden hacer obra, y eso también es sano. Ahora bien, lo que no es tan sano es hacerse adicto a esos talleres o clínicas para producir. Por último, la “homogeneización de lo dispar bajo un lineamiento estético” que pueda resultar de aquellos espacios, suelen darse si los mismos (por lo que sea) no cumplen con el objetivo de potenciar los procesos de escritura, y en consecuencia: la escritura, de los talleristas. Porque las clínicas y los talleres no son escuela, y no todos sus asistentes encontrarán ahí ni el qué ni el cómo “decir” por medio de la escritura.

Te mando un gran abrazo, Pablo, muy contento y agradecido.-

Pablo Natale dijo...

Pienso que quizás el asunto está en que no se termina nunca. Lo raro está en desear, y apenas poder llegar, siquiera, a rozarlo (los incompletos, del texto de Rosana).
Pienso, también (esto lo hablamos en el taller), en eso de saber y tener en claro qué decir. La escritura excede eso. Crea una claridad a posteriori también. Me gusta pensar las cosas (el sentido) un poco como vaivén, como abismo. "El estado de tambaleo", se me ocurrió llamarle el otro día en el taller. Usarlo para producir. Buscarlo para producir.
Y me queda algo que dijo la Schweblin: "un escritor tiene que tener una visión del mundo particular" (el cortocircuito puede estar en la definición de lo particular y en la idea de posesión).
Abrazo, intendente, y suerte el finde en la Clínica-spa.