Autoayuda: Hoy; buscando el alma gemela
(parábola con palos de golf).

“The money to build that billon dollar gambling plant came from Losers”
(Mario Puzo – Inside Las Vegas)


Cierre los ojos.
Imagine la vida y los agujeros.
Los palos. La bolsa con los palos.
Observe; escuche:

Son tres palos de golf. El primero puede gastarse. Pueden errarse todos los tiros. El primer palo no importa. Uno no está seguro, confunde la proyección de sí mismo con el deseo de proyectar. La bola, en esos casos, no entra. A veces raspa, perfora; pero no entra.

El segundo palo sirve para aprender. Debe procederse con lentitud, debe buscarse la precisión y una breve pero segura sabiduría. Las bolas que se tiran con el segundo palo, tampoco entran. No es esa la meta. El objetivo es: la claridad.
El control del cuerpo.

Su conocimiento.

Se puede jugar mucho tiempo con el segundo palo. Se puede inclusive contraer el vicio de jugar toda la vida.

Porque con el tercer palo se puede ejecutar solamente un tiro. Uno, quizás dos.
Ese tiro, por necesidad, se emboca. En el agujero entra lento, pero profundo.

Ahora abra los ojos.

El amor lo es todo en la vida.

Uno debe sudar al respecto.

La infancia de los androides, I




Cuando era chico tenía en total treinta y tres playmobils. Mi primer paso para empezar a jugar consistía en: contarlos.
Los ponía en círculos, contaba, treinta y tres. Era fácil darse cuenta si faltaba uno. No, no faltaba. Número 31 tenía un ojo menos, despintado. Número treinta y dos era manco, cojo. Número treinta y tres tenía pinta de sheriff. No lo crucificaron, sino que lo hicieron asado.

Igual gobernaba, derretido.

Los playmobils se organizaban, seis casas, dos sectas, una ciudad.

Hasta los trece años, no cogían.

Todo cambió cuando leyeron a Marx.

Y cuando Dios se puso a mirar en la tele Gran Hermano.

No recuerdo la división exacta en hombres y/o mujeres. Lo que importaba era: la especie.
Postales veraniegas (IV)


Dudando: ¿Escribo sobre la infancia
o sobre los androides???
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Episodio 4: Catá-logos
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Anecdotarios, I

Es difícil escribir cuando uno se siente sano, y bien, y tiene ganas de conocer tantos lugares, y se divierte, y qué mierda.

Yo no creo en eso, pero lo escribo.

También que: he pasado 17 horas delante del televisor, de la computadora, y de los woky tokys. Tengo el uniforme del abuelo a mano. Nadie me ha llamado para la guerra.


Anecdotarios, II

Enrnest Hemingway decía: “Anoche me acosté con Ava Gardner, con Ingrid Bergman”.

Heminway también escribía la siguiente frase:
“El viejo soñaba
con leones marinos”.

Yo anoche no soñé con Pampita, sino con un colectivo lleno. No había ninguna mujer indispuesta.







Anecdotarios, III

Kurt Cobain no tuvo padres, era casi huérfano. Creía más en la crudeza, que en la originalidad. Cuando el éxito lo rodeó, a veces se escapaba al automóvil de una amiga y hablaban, del trabajo, de ella. Seguro que: en un callcenter. Ella le contaba que estaba por salir con el jefe, que estaba ascendiendo, progresando, que se sentía bien. Kurt Cobain escuchaba, empático. Después le hicieron un pete.
Todo esto antes de que adquirió un Mercedes Benz.

Y una escopeta.


Anecdotarios, IV

El sueño americano es: ser sencillo y directo en lo que se hace. Creer en lo que se hace. Ser lo que se hace.
Y cobrar un buen dinero por todo ello.
El sueño americano es: quemar etapas, imaginar cosas, llegar hacia las cosas que se imaginan.

Es mi cuerpo el que tiene todas estas pesadillas.

Nunca obtuve un autógrafo de Moria Casán.


Anecdotarios, V

Hoy llovió. Mucha agua en el río.
Alguna gente,

nada.